EL AÑO DE LA MISERICORDIA, BULA PAPAL.
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El papa ha resuelto poner el mundo a sus pies. Luego de su extraordinario viaje a los Estados Unidos de América, Francisco ha abierto la ‘Puerta de la Misericordia’, ofreciendo perdón a todos los habitantes del mundo, e incluso a las instituciones religiosas que se separaron de ella con fuertes críticas.
Con palabras muy suavizadas, pero llenas de contenido, e incluso amenazas, Francisco insta a todos a reconocer su autoridad y rendirse ante su poder. Justo detrás de él, pasó el papa emérito Benedicto XVI, de 88 años, y cuya histórica renuncia llevó a la designación de Francisco y a un papado dedicado a mostrar el lado amable de la Iglesia.
Este ‘Año Santo’ se celebra 15 años después del jubileo del año 2000, convocado por Juan Pablo II, y tiene un carácter "extraordinario" (a diferencia del "ordinario", que se organiza cada 25 o 50 años). De acuerdo con la tradición de la Iglesia, cruzar esa puerta permite recibir la "indulgencia plenaria" de la Iglesia para el perdón de sus pecados.
A lo largo de los siglos se han utilizado los jubileos para animar a los fieles a hacer peregrinajes a Roma. A diferencia de la era de Martín Lutero, estas indulgencias son ahora gratuitas y estarán disponibles en otras catedrales del mundo a partir del domingo.
Todos los que deseen obtener la misericordia de la Iglesia Romana, deberán solicitarlo por escrito, completando una serie de requisitos. Esto se puede realizar a través de la página www.im.va
Recordemos que el papa Francisco firmó el 11 de abril de este año la bula “Misericordiae Vultus”titulada ‘Bula de Convocación del Jubileo Extraordinario de la Misericordia’, la cual da sustento a lo realizado en el día de hoy, y permite vislumbrar la intención que tiene el papa de obtener el reconocimiento de su autoridad político religiosa mundial y atraer a todos tras sí.
Apoyándose en verdades tan sublimes como la misericordia de Dios y su amor por nosotros, el documento de Francisco seguramente fascinará al lector descuidado, porque ha cubierto sus intenciones de apoderarse del mundo entero con abundantes citas y textos bíblicos que expresan la esencia del verdadero cristianismo.
Citando las palabras de Juan Pablo II, Francisco insta a todos a someterse ante la autoridad de la Iglesia, a la que la califica como única ‘depositaria’ y ‘dispensadora’ de la misericordia divina. Dice su bula, al final del punto 11: “La Iglesia vive una vida auténtica, cuando profesa y proclama la misericordia – el atributo más estupendo del Creador y del Redentor – y cuando acerca a los hombres a las fuentes de la misericordia del Salvador, de las que es depositaria y dispensadora.”
Además del acto de ‘traspasar la puerta de la misericordia’, quienes acepten el llamado de la iglesia deberán realizar una peregrinación. Dice el punto 14 de la bula: “La peregrinación es un signo peculiar en el Año Santo, …para llegar a la Puerta Santa en Roma y en cualquier otro lugar, cada uno deberá realizar, de acuerdo con las propias fuerzas, una peregrinación. Esto será un signo del hecho que también la misericordia es una meta por alcanzar y que requiere compromiso y sacrificio.”
Un año para reconquistar la credibilidad
“Es determinante para la Iglesia y para la credibilidad de su anuncio que ella viva y testimonie en primera persona la misericordia. Su lenguaje y sus gestos deben transmitir misericordia para penetrar en el corazón de las personas y motivarlas a reencontrar el camino de vuelta al Padre” dice Francisco en el punto 12 de la bula, y agrega en el 25: “La Iglesia siente la urgencia de anunciar la misericordia de Dios. Su vida es auténtica y creíble cuando con convicción hace de la misericordia su anuncio. Ella sabe que la primera tarea, sobre todo en un momento como el nuestro, lleno de grandes esperanzas y fuertes contradicciones, es la de introducir a todos en el misterio de la misericordia de Dios…”
Un año para arrogarse los títulos y las facultades de Dios
La misericordia y el perdón son atributos de Dios, pero Francisco quiere usar de ellos sabiendo que no representan debilidad sino más bien son signos de grandeza. Dice en el punto 6 de la bula: “« Es propio de Dios usar misericordia y especialmente en esto se manifiesta su omnipotencia » Las palabras de santo Tomás de Aquino muestran cuánto la misericordia divina no sea en absoluto un signo de debilidad, sino más bien la cualidad de la omnipotencia de Dios.”
Como es sabido, la Iglesia Romana dice tener poder para perdonar pecados y otorgar indulgencias, lo cual es una ‘blasfemia’. Dice Lucas 5:21: “¿Quién es este que blasfema? ¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?"
Para el papa Francisco, este jubileo lleva también consigo la referencia a la indulgencia. Dice el punto 22 de la bula: “Indulgencia es experimentar la santidad de la Iglesia que participa a todos de los beneficios de la redención de Cristo…”
Un año para sanar una herida
La bula llama a la existencia a los antiguos confesores de la inquisición. Aquellos encargados de obtener la retractación de los llamados ‘herejes’ y cuyas condenas implicaban que aquellas víctimas del despotismo religioso sufrieran las más crueles torturas y hasta incluso la hoguera. Dice el punto 17: “Nunca me cansaré de insistir en que los confesores sean un verdadero signo de la misericordia del Padre… Cada confesor deberá acoger a los fieles como el padre en la parábola del hijo pródigo: un padre que corre al encuentro del hijo no obstante hubiese dilapidado sus bienes. Los confesores están llamados a abrazar ese hijo arrepentido que vuelve a casa y a manifestar la alegría por haberlo encontrado… No harán preguntas impertinentes, sino como el padre de la parábola interrumpirán el discurso preparado por el hijo pródigo, porque serán capaces de percibir en el corazón de cada penitente la invocación de ayuda y la súplica de perdón. En fin, los confesores están llamados a ser siempre, en todas partes, en cada situación y a pesar de todo, el signo del primado de la misericordia.”
Llama la atención que, justamente en el momento en que el papa Francisco ha salido a pedir perdón por los horrendos crímenes que cometió la Iglesia Católica Romana contra los reformadores y fundadores de las iglesias protestantes, la bula posiciona a esta institución criminal como ‘el padre amante que sale al encuentro del hijo pródigo que dilapidó sus bienes…’. En definitiva, ¿la Iglesia Católica ‘pide perdón’ u ‘otorga el perdón’ a las iglesias protestantes?
Ver también: ¿Arrepentimiento o marketing?
Continúa el punto 18 diciendo: “Durante la Cuaresma de este Año Santo tengo la intención de enviar los Misioneros de la Misericordia. Serán un signo de la solicitud materna de la Iglesia por el Pueblo de Dios, para que entre en profundidad en la riqueza de este misterio tan fundamental para la fe. Serán sacerdotes a los cuales daré la autoridad de perdonar también los pecados que están reservados a la Sede Apostólica, para que se haga evidente la amplitud de su mandato. Serán, sobre todo, signo vivo de cómo el Padre acoge cuantos están en busca de su perdón. Serán misioneros de la misericordia porque serán los artífices ante todos de un encuentro cargado de humanidad, fuente de liberación, rico de responsabilidad, para superar los obstáculos y retomar la vida nueva del Bautismo… Pido a los hermanos Obispos que inviten y acojan estos Misioneros, para que sean ante todo predicadores convincentes de la misericordia. Se organicen en las Diócesis “misiones para el pueblo” de modo que estos Misioneros sean anunciadores de la alegría del perdón. Se les pida celebrar el sacramento de la Reconciliación para los fieles, para que el tiempo de gracia donado en el Año jubilar permita a tantos hijos alejados encontrar el camino de regreso hacia la casa paterna. Los Pastores, especialmente durante el tiempo fuerte de Cuaresma, sean solícitos en invitar a los fieles a acercarse « al trono de la gracia, a fin de obtener misericordia y alcanzar la gracia »
Un año para alcanzar el ecumenismo entre todas las religiones
No bastando el llamado a los ‘hijos pródigos’ de las iglesias protestantes y evangélicas, el papa va por el ecumenismo entre todas las religiones. Por esto, manifiesta en el punto 23 de la bula: “La misericordia posee un valor que sobrepasa los confines de la Iglesia. Ella nos relaciona con el judaísmo y el islam, que la consideran uno de los atributos más calificativos de Dios…Este Año Jubilar vivido en la misericordia pueda favorecer el encuentro con estas religiones y con las otras nobles tradiciones religiosas; nos haga más abiertos al diálogo para conocernos y comprendernos mejor; elimine toda forma de cerrazón y desprecio, y aleje cualquier forma de violencia y de discriminación.”
Un año para todos, no importa si es narco o corrupto
“Basta solamente que acojáis la llamada a la conversión y os sometáis a la justicia mientras la Iglesia os ofrece misericordia” dice el papa Francisco en el punto 19 de la bula, mientras extiende la invitación a los peores delincuentes y asesinos: “Mi invitación a la conversión se dirige con mayor insistencia a aquellas personas que se encuentran lejanas de la gracia de Dios debido a su conducta de vida. Pienso en modo particular a los hombres y mujeres que pertenecen a algún grupo criminal, cualquiera que éste sea… La misma llamada llegue también a todas las personas promotoras o cómplices de corrupción.”
Un año para el reinicio de la inquisición
¿Y después que? es la pregunta que todos nos hacemos. Estremece la declaración citada por Francisco en el punto 4 de la bula: “Vuelven a la mente las palabras cargadas de significado que san Juan XXIII pronunció en la apertura del Concilio para indicar el camino a seguir: « En nuestro tiempo, la Esposa de Cristo prefiere usar la medicina de la misericordia y no empuñar las armas de la severidad … La Iglesia Católica, al elevar por medio de este Concilio Ecuménico la antorcha de la verdad católica, quiere mostrarse madre amable de todos, benigna, paciente, llena de misericordia y de bondad para con los hijos separados de ella »
No hace falta mucha inteligencia para descifrar que estas palabras, dichas con tanta sutileza, implican una amenaza futura hacia quienes desistan de ‘tan amable ofrecimiento’.
EL CONFLICTO DE LOS SIGLOS, PÁGINA 216 Al darse a conocer como miembros de la orden, se presentaban con cierto aire de santidad, visitando las cárceles, atendiendo a los enfermos y a los pobres, haciendo profesión de haber renunciado al mundo, y llevando el sagrado nombre de Jesús, de Aquel que anduvo haciendo bienes. Pero bajo esta fingida mansedumbre, ocultaban a menudo propósitos criminales y mortíferos. Era un principio fundamental de la orden, que el fin justifica los medios. Según dicho principio, la mentira, el robo, el perjurio y el asesinato, no solo eran perdonables, sino dignos de ser recomendados, siempre que vieran los intereses de la iglesia. Con muy diversos disfraces se introducían los jesuitas en los puestos del estado, elevándose hasta la categoría de consejeros de los reyes, y dirigiendo la política de las naciones. Se hacían criados para convertirse en espías de sus señores. Establecían colegios para los hijos de príncipes y nobles, y escuelas para los del pueblo; y los hijos de padres protestantes eran inducidos a observar los ritos romanistas. Toda la pompa exterior desplegada en el culto de la iglesia de Roma se aplicaba a confundir la mente y ofuscar y embaucar la imaginación, para que los hijos traicionaran aquella libertad por la cual sus padres habían trabajado y derramado su sangre. Los jesuitas se esparcieron rápidamente por toda Europa y doquiera iban lograban reavivar el papismo.
“Manténganse alerta”: la hora de juicio ha llegado.
¡Manténgase alerta!,presentado en las asambleas de distrito que se celebraron en todo el mundo durante los años 2004 y 2005.
“Manténganse alerta, [...] porque no saben en qué día viene su Señor.” (MATEO 24:42.)
1, 2. ¿A qué, apropiadamente, comparó Jesús su venida?
¿QUÉ haría usted si supiera que en su vecindario hay un ladrón al acecho que está robando en los hogares? Sin duda se mantendría alerta, vigilante, a fin de proteger a sus seres queridos y sus posesiones. Después de todo, un ladrón no envía una carta anunciando su llegada, ¿verdad? Al contrario, llega de manera inesperada y furtiva.
2 Más de una vez, Jesús empleó como ilustración las tácticas de los ladrones (Lucas 10:30; Juan 10:10). Al mencionar los sucesos que ocurrirían en el tiempo del fin y que conducirían a que él viniera para ejecutar el juicio divino, Jesús dio esta advertencia: “Manténganse alerta, pues, porque no saben en qué día viene su Señor. Mas sepan una cosa, que si el amo de casa hubiera sabido en qué vigilia habría de venir el ladrón, se habría quedado despierto y no habría permitido que forzaran su casa” (Mateo 24:42, 43). Como vemos, Jesús comparó su venida a la de un ladrón: sería inesperada.
3, 4. a) ¿Qué implica hacer caso de la advertencia de Jesús respecto a su venida? b) ¿Qué preguntas surgen?
3 La comparación fue adecuada, pues la fecha exacta de la venida de Jesús no se sabría. Anteriormente, en esa misma profecía, él había dicho: “Respecto a aquel día y hora nadie sabe, ni los ángeles de los cielos, ni el Hijo, sino solo el Padre” (Mateo 24:36). Por consiguiente, dio a sus discípulos esta exhortación: “Demuestren estar listos” (Mateo 24:44). Los que hicieran caso de su advertencia estarían listos y harían lo debido, sin importar cuándo viniera a ejecutar la sentencia de Jehová.
4 Por tanto, surgen algunas preguntas importantes: ¿Se dirige la advertencia de Jesús únicamente a la gente del mundo, o deben también ‘mantenerse alerta’ los cristianos verdaderos? ¿Por qué es urgente ‘mantenerse alerta’, y qué exige eso de nosotros?
PRONTO, LAS COSAS TOMARAN UN RUMBO TOTALMENTE FATAL Y NADIE ESCAPARA.













