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DESENLACE, FRUTOS Y LECCIONES
¿Fue la sesión de 1888
buena o mala para la Iglesia? ¿Cómo podéis beneficiaros de las reacciones y
consejos de Elena G. de White? La sesión de la Asociación General realizada en
Mineápolis, Minnesota, en 1888, se transformó en el mayor punto decisivo de la
historia de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Nuestra mudanza de rumbo se
efectuó lentamente durante los tres años que se siguieron a la conferencia.
Durante ese tiempo, los persistentes esfuerzos de Elena G. de White, A. T.
Jones y E. J. Waggoner ayudaron a llevar la Iglesia del espíritu de debate y de
legalismo de años precedentes, para un realce sobre LA JUSTIFICACIÓN POR LA FE en la justicia de Jesús Cristo.
Esa mudanza de
dirección, sin embargo, no fue resultado de la conferencia de Minnesota. En
muchos sentidos, el encuentro de Mineápolis fue un desastre. La Iglesia fue a
lo más hondo, espiritualmente, en aquella sesión. Elena G. de White la consideró
"la más triste experiencia de mi vida" (1) y "la más dolorosa
prueba de mi vida" (2). Es la única sesión de la Asociación General, en la
historia adventista, que fue señalada por rebelión abierta contra Elena G. de
White por parte de un gran número de nuestros ministros. Ella llegó al punto de
preguntarse a sí misma si Dios no iría a llamar a un otro movimiento. Con respecto
a muchos de los delegados, declaró ella: "Como reformadores ellos habían
salido de las iglesias denominacionales, pero ahora desempeñaban un papel
semejante al que las iglesias desempeñaron. Esperábamos que no hubiese
necesidad de otra salida." (3)
Alonzo T. Jones 1850-1923
En que pese, sin
embargo, a su profunda angustia por el espíritu de incredulidad manifestado por
muchos, Elena G. de White previno con confianza que de algún modo el Señor
vencería, y muchos beneficios vendrían como resultado. El 4 de noviembre, en el
último Día de la conferencia, ella escribió a su nuera: "Ya hablé
aproximadamente unas veinte veces con mucha franqueza, y creo que estas
reuniones resultarán en grande bien. No conocemos el futuro, pero sentimos que
Jesús está al timón y no naufragaremos." (4)
Había otros que veían
tanto el lado positivo como el negativo de la sesión. Tres semanas después del
término de esta, W. C. White escribió al recién electo presidente de la
Asociación General, que aun estaba en Europa: "Los delegados que quedaron
hasta el fin de la reunión llevaron impresiones bastante diversas. Muchos
encontraron que fue una de las reuniones más provechosas que ya habían
asistido; otros, que ella fue la conferencia más infeliz ya realizada."
(5)
Sin duda, aquella
sesión llevó a reacciones diversas. Algunos encontraban que la sesión fue mala,
muy mala. Otros, que fue buena, muy buena. ¿Qué hizo la reunión tan mala? ¿Y
qué la hizo tan buena?
El Lado Negativo.-
Durante varios años,
antes del inicio de la sesión, se desenvolvieron entre dos grupos de líderes de
la Iglesia, diferencias personales y animosidades. Los hermanos de Battle Creek
eran liderados por George I. Butler, presidente de la Asociación General, y Urías
Smith, editor de la Review and Herald.
Al lado de esos hombres estaban varios presidentes de asociación, en particular
los Pastores R. M. Kilgore de Illinois, J. H. Morrison de Iowa, R. A. Underwood
de Ohio y I. D. Van Horn de Michigan, así como cierto número de luces menores.
El otro grupo era
dirigido por E. J. Waggoner y A. T. Jones, que servían no solo como co-editores
de la Signs of the Times, sino
también como profesores de Bíblia en el Healdsburg College. Entre sus amigos
estaban W. C. White, S. N. Haskell y C. H. Jones.
Inicialmente, las
divergencias entre estos dos grupos giraban en torno de la interpretación de
dos pasajes de las Escrituras. Los hermanos del Este creían que los Hunos
fuesen uno de los diez reinos de Daniel 7, y que la ley "ordenada" de
Gálatas 3:19-25 era el sistema ceremonial judaico. Los hermanos del Oeste, por
otro lado, eran favorables a los Alemanni en lugar de los Hunos, y afirmaban
que la ley ordenada en Gálatas era la ley moral.
El hecho de que Waggoner
y Jones eran comparativamente jóvenes - en la faja de los treinta - mientras
Butler y Smith estaban en la casa de los cincuenta, sirvió para exacerbar la
situación. Butler hallaba imposible creer que aquellos dos "jóvenes inexpertos",
que habían acabado de sentarse en la silla editorial, pudiesen entender mejor
la Bíblia que él. (6)
La indisposición entre
los dos lados comenzó cuando Waggoner publicó su punto de vista sobre Gálatas
3, en Signs of the Times de 11 de
septiembre de 1884. Su explicación de que la ley ordenada era el código moral,
contrariaba frontalmente la interpretación acepta por Butler y Smith, así como
por la mayoría de los adventistas de aquel tiempo. Acontece que el padre de E.
J. Waggoner, el señor J. H. Waggoner,
había tomado posición semejante 30 años antes. El Pastor Waggoner defendía en
1845 que "ni una sola declaración" de Gálatas "se refería a la
ley ceremonial o ley levítica". La epístola, escribió él, "trata
solamente de la ley moral". (7)
Aparentemente, Elena G.
de White puso fin a la primera controversia, al afirmar que la interpretación
de Waggoner estaba errada.(8) Durante las próximas tres décadas la cuestión de
la ley en Gálatas no recibió mucha atención; al menos el asunto no provocó
nueva polémica. Smith, Butler y los demás estaban seguros de que Gálatas 3:19
se refería al sistema ceremonial. Creían también que Elena G. de White defendía
este punto de vista, una vez que ella había rechazado la posición de J. H. Waggoner.
(9)
Ahora el Waggoner más jóven,
en cierto sentido había tirado el guante y deliberadamente revivió la
controversia. El esbozó su posición en una serie de nueve artículos publicados
en la revista Signs de 8 de julio a
2 de septiembre de 1886. Butler se sintió provocado. El consideró los artículos
como una afronta a su liderazgo. Resolvió poner fin a la cuestión de una vez en
la sesión de la Asociación General de 1886. De prisa, produjo un panfleto de 85
páginas, que distribuyó a los delegados, cuando estos se reunieron en Battle
Creek para la sesión de la Asociación General, en noviembre de aquel año. En
ese opúsculo, Butler escribió: "El escritor admite considerable sorpresa
que durante el último año, o talvez dos años, el asunto (de la ley en Gálatas)
se haya tornado bien saliente, en las instrucciones dadas a los que se están preparando
en el Healdsburg College para trabajar en la Causa; también en las lecciones
impresas en el Instructor,
destinadas a nuestras Escuelas Sabáticas fuera del país, y en innumerables
otros artículos argumentativos en la Signs
of the Times, nuestra revista misionera pionera, llevando así estos puntos
de vista ampliamente al público lector que no está familiarizado con nuestra fe. De esa manera, grandes y
repetidos esfuerzos han sido hechos en el sentido de afirmar que la ley moral
es el asunto de que trata el apóstol en los textos más salientes de su
argumento en la carta a los Gálatas...
"Protestamos resueltamente
contra la presentación de puntos de vista controvertidos de la manera indicada,
concernientes a asuntos sobre los cuales nuestro pueblo no está de
acuerdo." (10)
En la Conferencia
General de 1886, una comisión teológica de nueve miembros fue indicada para
estudiar el punto en discusión, lo que ellos hicieron inmediatamente. Alguna
cosa de la tensión producida entre los dos grupos y líderes de la Iglesia puede ser percibida por la carta de Butler a Elena
G. de White, escrita luego después del encerramiento de la reunión. "El
hermano E. J. Waggoner continuaba... alimentando el conflicto", escribió
él. "Fue organizada la comisión teológica... Cuatro quedaron a favor del Signs: Haskell, Whitney, Wilcox y
Waggoner; y cinco contra: Smith, Canright, Covert, J. H. Morrison y yo. Tuvimos
un debate de varias horas, pero ninguno de los lados quedó convencido. La
cuestión era si deberíamos llevar esto a la Conferencia y envolver en la lucha a
un gran público o no. No pude recomendarlo, pues encontré que sería más
desastroso y resultaría apenas en acaloramiento y debate." (11)
La confrontación
pública no pudo ser totalmente evitada en aquella reunión; se pasó una
resolución dirigida a Waggoner, mientras otra fue anulada. La conferencia votó
pedir a los editores adventistas "que no permitiesen que puntos de vista
no defendidos por una expresiva mayoría de nuestro pueblo... fuesen publicados
en nuestras revistas denominacionales, como si fuesen las doctrinas aceptadas
por este pueblo, antes que fuesen examinados y aprobados por los hermanos
experimentados del liderazgo."(12)
A pesar de todo, la
resolución de Butler, que apelaba para que hubiese una censura de la Signs por el hecho de haber publicado
los nueve artículos sobre Gálatas en el comienzo de aquel año, fue rechazada.
Butler lamentó: "Por justa razón, creo que ella debía haber sido aprobada.
Pero sería muy desagradable para el hermano Haskell y algunos otros, que fuese
dicha aunque una sola palabra, diciendo que la Signs había cometido un error."(13)
En un esfuerzo para conseguir unidad y un poco de paz, Elena G. de
White, que estaba en Europa, escribió a los contendores, tanto de un lado como
del otro y les apuntó las fallas. Ella llevó a Waggoner y Jones a procurar
desenvolver sus ideas delante de los alumnos del Healdsburg College y a
publicarlas para el mundo. (14) Después de seis semanas, luego de leer las
primeras páginas del panfleto de Butler sobre Gálatas, Elena G. de White lo
amonestó: "Creo que usted fue muy contundente." (15)
Como deferencia a Elena
G. de White, la sesión de la Asociación General de 1887 fue realizada en
Oakland, California, apenas a unos diez
kilómetros de su casa en Healdsburg. Se evitó la discusión pública sobre la
cuestión de Gálatas, pero, de acuerdo con el Pastor Butler, hubo algunas
discusiones particulares serias sobre el asunto. El informó más tarde a Elena
G. de White: "En la Conferencia General de Oakland en el último año, él
(Waggoner) se reunió en particular con algunos de nuestros ministros para
hablar sobre este asunto y les leyó un largo análisis que preparara, basada en
mi panfleto, y procuró por todos los medios ingeniosos que pudo, introducir su
punto de vista sobre el asunto ... No tengo ninguna evidencia de que el Pastor
E. J. Waggoner o aquellos que lo siguen tengan a idea de desistir, pero pienso
que ellos aun se proponen a luchar por eso hasta un final amargo." (16)
La discusión pública de
la cuestión de Gálatas y otros puntos controvertsiales ya no podía ahora ser evitada. En verdad, en
el inicio de 1887 Elena G. de White ya la había reconocido como inevitable.
Ella dijo a Butler en aquella ocasión: "La cuestión ahora ya fue expuesta
de manera tan plena delante del pueblo, por vosotros mismos y también por el
Dr. Waggoner, que debe ser enfrentada amplia y directamente en discusión
abierta ... Distribuisteis vuestro panfleto; es natural que el Dr. Waggoner
tenga también una oportunidad, de la misma forma que tuvisteis. Creo que no
todo es ordenado por Dios. Pero hermanos, no debemos cometer ninguna
injusticia." (17)
En julio de 1888, en la
preparación para la reunión en Mineápolis, Waggoner, Jones, W. C. White y más
algunos ministros de California, se
reunieron por varios días en un retiro en la montaña. W. C. White escribe:
"Pasamos dos días examinando la historia de los diversos reinos que
desempeñaron una parte en el desmembramiento de Roma; y un Día, en el examen de
la Ley en Gálatas del Pastor Butler,
y otros tópicos que tratan de esa cuestión, al término de los cuales el Pastor
Waggoner leyó algunos manuscritos que él preparara en respuesta al panfleto del
Pastor Butler ... Al final de nuestro estudio, el Pastor Waggoner nos preguntó
si sería correcto que él publicase sus manuscritos, y en la próxima Conferencia
General los colocase en las manos de los delegados, como lo hizo el Pastor
Butler con los suyos. Hallamos que sería correcto, y lo animamos a mandar a imprimir
500 ejemplares." (18)
Con el apoyo de sus
hermanos, Waggoner publicó su libro The
Gospel in the book of Galatians (El Evangelio en el libro de Gálatas), y
llevó consigo un buen número cuando fue para Mineápolis.
Ocho semanas antes de
iniciarse la conferencia, Elena G. de White instó con sus hermanos para que se
acordasen de su cristianismo en la próxima reunión. A los "hermanos que se
reunirán en la Asociación General", escribió ella: "Que cada alma se
despoje ahora de la envidia, de los celos, de la mala sospecha, y mantenga el
corazón en íntima comunión con Dios. Si todos hicieren eso, tendrán a arderles
en el altar del corazón aquel amor del cual Cristo les habló. Todos los grupos
tendrán la bondad y la ternura cristianas. No habrá ninguna contienda; pues los
siervos de Dios no deben contender... La correcta interpretación de las
Escrituras no es todo lo que Dios requiere. El no se complace apenas en que
conozcamos la verdad, más... debemos poner en práctica, en el trato con
nuestros semejantes, el Espíritu de aquel que nos dio la verdad." (19)
De cualquier manera, se
formó un concepto errado en cuanto a los temas a ser presentados en la reunión
que precedería la Conferencia General. De acuerdo con W. C. White, Butler le
escribió una carta en la cual "daba una lista de los asuntos que él
hallaba que deberían ser tomados en consideración. Entre estos, mencionaba
especialmente los diez reinos y la ley en Gálatas... Al Pastor Butler se le olvidó,
y no admite que haya escrito tal carta en alguna ocasión." (20)
Waggoner y Jones
vinieron bien preparados con su munición teológica e histórica, pero, por
alguna razón, Urías Smith y sus compañeros no hicieron ninguno preparativo
especial. Trajeron, sin embargo, varias centenas de copias del panfleto de
Butler sobre Gálatas, las cuales distribuyeron entre los delegados. (21)
Desgraciadamente, la apelación de Elena G. de White en favor de la
bondad y compasión fue grandemente ignorada, cuando la comisión ministerial se
reunió el miércoles 10 de octubre, una semana antes de la sesión de apertura de
la Asociación General. Las exposiciones de Jones sobre los diez reinos,
presentadas en el segundo Día de la reunión, resultaron en discusiones que a
veces se volvían violentas. Serena, la hermana White confiaba en que un buen
espíritu prevalecería al final. El sábado en la noche, 13 de
octubre, ella predicó sobre el amor de Dios y después hizo una apelación para
testimonios. "Muchos dieron testimonios", escribió ella, "de que
aquel fue el Día más feliz de su vida... Aquella fue una ocasión de refrigerio
para muchas almas, pero no continuó en algunos." (22)
Elena G. de White culpó
tanto al Pastor Butler como al Pastor Smith por obstruir el camino, de manera
que la verdad y la luz fuesen tratadas como huéspedes indeseables. A las 2:30
hrs. de la mañana del 15 de octubre, ella escribió a Butler: "No me siento
ni un poco constreñida en decir que fue traído para esta reunión, no un
espíritu de esfuerzo para obtener luz, sino de obstrucción del camino, para que
no penetre un rayo en los corazones y mentes del pueblo, mediante algún otro
conducto que no sea aquel que decidisteis ser el conducto apropiado." (23)
Cuando la comisión
ministerial fue absorbida en la sesión de la Asociación General, las
presentaciones incluyeron mensajes más poderosos de parte de Waggoner sobre la
justificación por la fe en Cristo; estas, sin embargo, fueron vistas con
desconfianza por el grupo de Butler y Smith.
Smith ciertamente expresó los sentimientos de muchos cuando
declaró: "Podríamos concordar con los seis temas preliminares del hermano
Waggoner sobre justificación; yo mismo habría sido el primero en exultar con ellos, si no hubiese sabido hace
mucho tiempo que él deseaba pavimentar el camino para sus posiciones sobre
Gálatas." (24)
Las discusiones sobre
la ley en Gálatas llevaron los hermanos del este y del oeste a alejarse más que
nunca. Los agravios existentes se volvieron aun peores, cuando los dos lados se
confrontaron con sus puntos de vista
opuestos. Una de las consecuencias más lamentables del espíritu acrimonioso
revelado por Butler, Smith y otros para con Waggoner y Jones fue que aquellas
animosidades fueron también dirigidas contra Elena G. de White. A esa altura,
estaba en juego una cuestión más importante que los diez reinos o la ley en el
libro de Gálatas: la aceptación o rechazo de Elena G. de White como mensajera
del Señor.
En verdad, los hombres
de Butler-Smith ya desconfiaban de la Sra. White aun antes de comenzar la
sesión, por causa de la conocida amistad que sabían existía entre su hijo y
Waggoner y Jones. Ellos estaban seguros de que ella era parte de la
"conspiración" de California. Esas desconfianzas se les confirmaron
en la mente cuando ella apoyó fuertemente a Waggoner en sus mensajes sobre
justificación por la fe. Fue responsabilizada por la asociación. A respecto de
ese cambio de actitud para con ella, escribió Elena G. de White: "Era
evidente que nuestros hermanos estaban desilusionados. Ellos habían perdido la
confianza en la hermana White, no porque la hermana White hubiese cambiado,
sino porque otro espíritu se apoderara de ellos y los controlaba." (25)
La hermana White
caracterizó la actitud del grupo Butler-Smith como una rebelión. Ella declaró:
"La posición y la obra que Dios me confió en esta conferencia fueron
menospreciadas por casi todos. La rebelión fue general. Su curso fue un insulto
al Espíritu de Dios." (26)
"Los hermanos han
hecho morisquetas, han criticado, comentado, desmerecido, retenido y
escogido poco y rehusado mucho, hasta
que los testimonios no significasen nada más para ellos." (27)
El rechazo de Elena G.
de White fue seguido por el rechazo de todo lo que ella defendía, incluyendo
las presentaciones de Waggoner sobre justificación por la fe. A Butler,
escribió ella: "De un modo general, el espíritu de los ministros que vinieron
a esta reunión es de rechazo a la luz." (28)
Parece que la mayoría de los 96 delegados fue influenciada por ese
espíritu de cinismo e incredulidad. Notad las palabras citadas en la ocasión:
"Casi todos" habían rechazado la autoridad de la profetisa; "de
modo general los ministros" se oponían a la nueva luz. Lamentablemente, la
profetisa fue obligada a escribir estas declaraciones casi increíbles: "En
Mineápolis, Dios dio preciosas gemas de la verdad a Su pueblo en un nuevo
engaste. Esta luz del Cielo fue rechazada por algunos con toda la obstinación
que los judíos manifestaron al rechazar a Cristo." (29)
Las implicaciones de
esas actitudes pecaminosas son aturdidoras, cuando consideradas seriamente. Elena
G. de White calificó nuestros padres espirituales como responsables, por lo
menos hasta cierto punto, por la prolongación de nuestra larga noche de
sufrimiento. Declaró ella: "Satanás... los impidió de obtener aquella
eficiencia que podría pertenecerles al llevar la verdad al mundo, como los
apóstoles la proclamaron después del Día de Pentecostés. La luz que debía
iluminar toda la Tierra con su gloria fue resistida, y en gran parte por causa
de la acción de nuestros propios hermanos, se retiró del mundo." (31)
Los sermones de
Waggoner sobre salvación por medio de la fe en la justicia de Cristo, dieron
una nota que hace mucho tiempo estuvo ausente de los sermones de los pastores
adventistas. La mayoría de los conversos adventistas vino de otras iglesias
cristianas, y su aceptación de Cristo fue tenida como cierta. Los pastores
adventistas predicaban mucho más sobre la ley y el sábado que sobre Cristo.
Ellos se tornaron contendores capaces, que se enorgullecían de su habilidad de
superar en una discusión sus opositores que guardaban el domingo. Los sermones
de Waggoner eran diferentes. El se concentraba en Cristo - Su divinidad, Su
humanidad y Su justicia, que El nos ofrece como un don. En este nuevo realce,
Waggoner tenía el total apoyo de Elena G. de White. Ella le dijo a los
delegados: "Veo la belleza de la verdad en la presentación de la justicia
de Cristo en relación con la ley, conforme el doctor nos ha expuesto... Lo que
ha sido presentado armoniza
perfectamente con la luz que Dios halló por bien darme durante todos los años
de mi experiencia." (32)
"En
Mineápolis", dijo ella más tarde, "Dios otorgó preciosas gemas de la
verdad a Su pueblo en un nuevo engaste." (33) "En Su gran
misericordia, el Señor envió a Su pueblo un mensaje más precioso por medio de
los Pastores Waggoner y Jones." (34)
Los mensajes fueron
como aguas vivas a las muchas almas sedientas que se hallaban presentes.
W. C. White consideró los sermones de Waggoner el punto decisivo
de su vida. (35) Siete años después de la conferencia A. O. Tait aun estaba
sintiendo el fulgor. "Positivamente, hay aun en Battle Creek un cierto
número de hombres que no ve la luz en la bendita verdad en cuanto a la justicia
de Cristo, que nos ha sido enviada como lluvia de bendiciones desde la
Asociación General de Mineápolis. Encontré aquella doctrina precisamente el
alimento de que mi pobre alma necesitaba aquí en Mineápolis, y me convertí en
aquella reunión; y, desde entonces, me he regocijado en la luz." (36)
Cerca de medio siglo
después, C. C. McReynolds aun miraba retrospectivamente para la sesión de
Mineápolis como una experiencia verdaderamente memorable y bendecida. El se
acordaba: "En el final de la cuarta o quinta lección del Pastor Waggoner,
yo era un pecador vencido y arrepentido. Sentía que solo podía vencer con el
Señor. Me retiré para un bosque; no quise comer; pasé la tarde arrodillado y
sobre mi rostro delante del Señor con mi Bíblia. Llegué al punto de creer en la promesa hecha por Dios en
Su Palabra, de perdón para mis pecados,
y de que esto decía respecto tanto a mí como a cualquier pecador. Su promesa en
I Juan 1:9; Isa. 1:18; Gál. 1:4 y muchas de las promesas fueron examinadas. Yo
Lo vi ahí como mi Salvador personal y allí me convertí de nuevo. Todas las
dudas de que mis pecados estaban realmente perdonados fueron alejadas, y desde
entonces jamás dudé de mi aceptación como un perdonado hijo de Dios." (37)
Esta especie de
encuentro divino debe haber sido experimentada por más que unos pocos apenas,
pues Elena G. de White declaró: "Constantemente el Espíritu del Señor venía
a la reunión con poder convincente, a despecho de la incredulidad manifestada
por algunos de los presentes." (38)
A fin de que no se
perdiesen los beneficios de ese nuevo realce sobre Cristo y Su justicia, Elena
G. de White, Jones y Waggoner pasaron los próximos tres años dirigiendo
reavivamientos en reuniones campestres y en nuestras iglesias mayores en todo
el país. Había aun mucha oposición, especialmente en Battle Creek, pero hubo
muchas victorias. Con referencia a dos de estos reavivamientos Elena G. de
White se acordaba: "Trabajamos - y algunos saben cuán arduamente - creo
que una semana entera, yendo por la mañana y en la tarde a Chicago, a fin de
poder introducir aquellas ideas en la mente de los hermanos...
"Ellos creen que
deben confiar en su propia justicia y en las propias obras y mirar para si
mismos, y no apropiarse de la justicia de Cristo e introducirla en la vida y en
el carácter... Se pasó una semana antes que hubiese una oportunidad y el poder
de Dios viniese sobre aquella congregación como una marea subiendo. Os digo, él
debía tornar libres los hombres; debía apuntarles al Cordero de Dios que quita
el pecado del mundo.
"Y allá en South
Lancaster hubo el poderoso toque del Espíritu de Dios. Hay allí algunos que
estuvieron en aquella reunión. Dios reveló Su gloria; y cada alumno del colegio
fue traído a la puerta allí en confesión, y hubo el toque del Espíritu de Dios.
Y la misma cosa aconteció de lugar en lugar; por todas partes donde estuvimos,
vimos el toque del Espíritu de Dios." (39)
Con el pasar del
tiempo, muchos - talvez la mayoría - de los que habían pecado tan pertinazmente
en Mineápolis, confesaron su culpa y pidieron perdón al Señor. Esto incluye no
solo los Pastores Butler y Smith, como también los líderes que los apoyaban. La
actitud expresada por el Pastor I. D. Van Horn, al escribir a Elena G. de White
en 1893, es típica: "Estoy realmente avergonzado de la parte que desempeñé
en la 'morisqueta', en la 'sátira', en el 'sarcasmo' y en el 'chiste', en los
cuales fuimos tan indulgentes yo mismo y otros del mismo cuarto en aquella
reunión en Mineápolis. Fue muy errado - todo errado - y debe haber sido
ofensivo al Señor que testimonió todo. Me gustaría que todo fuese apagado de mi
memoria." (40)
Fuera de esos
reavivamientos, fueron realizados por nuestros ministros en Battle Creek, entre
1889 y 1891, tres reuniones o clases bíblicas, totalizando 46 semanas. Esas
reuniones dieron también realce especial al asunto de la justificación por la
fe. A. T. Jones y E. J. Waggoner se encontraban entre los instructores de esas
clases, y ellos fueron también los oradores principales en la mayoría de las
sesiones de la Asociación General durante toda la década de 1890. Los libros Camino a Cristo, El Discurso Maestro de Jesucristo, El Deseado de Todas las Gentes, y Palabras de Vida del Gran Maestro, de Elena G. de White, con su
enfoque sobre el ministerio de Cristo, Sus enseñanzas y Su carácter, fueron
publicados entre 1892 y 1900. Podemos agradecer a Dios porque, comenzando con
la conferencia de Mineápolis, el asunto de la justificación por la fe en la
justicia de Cristo vino a ocupar un lugar más amplio en la mente y en la
experiencia de los Adventistas del Séptimo Día.
Siete lecciones para nuestros días.-
No debemos terminar con
la narración de los males y de las virtudes de la reunión de Mineápolis.
Precisamos aprender lecciones importantes de la experiencia de nuestros
antepasados. Precisamos realzar estas lecciones, meditar sobre ellas, y actuar
de conformidad con ellas; en caso
contrario estaremos en peligro de repetir los errores que ellos cometieron hace
más de un siglo.
1.- En primer lugar, "debemos humillar individualmente
nuestra alma delante de Dios y echar fuera nuestros ídolos" (41). Algunos
han preguntado si la Iglesia Adventista del Séptimo Día debería hoy, en una
acción de la Asociación General, pedir disculpa formal al Señor por los pecados
de nuestros hermanos de Mineápolis. Elena G. de White jamás pidió una acción de
esa especie. Ella reconocía la responsabilidad del liderazgo en corregir los
males y en dar a la Iglesia el tono espiritual apropiado. Pero en los 27 años
que ella vivió después de la reunión de Mineápolis no sugirió siquiera una vez
que debiésemos aprobar una acción oficial en la cual nos disociásemos
formalmente de la actitud no cristiana manifestada por muchos en Mineápolis.
Instó, sin embargo, con las personas envueltas, para que confesasen sus
pecados. Advirtió: "Las palabras y
actos de todos cuantos tomaron parte en esta obra permanecerán registradas
contra ellos, hasta que confiesen su error." (42)
"Arrepentimiento", dijo ella, "es el primer paso a ser dado por
todos aquellos que deben volverse para Dios." E insistía en que
"'nadie puede hacer este trabajo por otro. Nos cumple humillar
individualmente el alma delante de Dios y echar fuera nuestros ídolos."'
(43)
2.- En segundo, debemos "orar sin cesar" (I Tes. 5:17).
No podemos darnos el lujo de rechazar nuestra vida de oración siquiera por un
Día. El Pastor C. C. McReynolds describe el espíritu de falta de oración en
Mineápolis. "Estábamos oyendo un buen relato sobre la hermana White. Decía
que ella era favorable al Pastor Waggoner, y que él era uno de sus predilectos.
Se despertó entonces el espíritu de controversia y, cuando los delegados
volvieron de la última reunión del Día, solo se oía murmullo, acompañado de
carcajadas y morisquetas, y se hacían algunos comentarios bastante
desagradables; no prevalecía ningún espíritu de solemnidad. Apenas unos pocos
no tomaban parte en la hilaridad. No fue observada la hora del culto, y nada más
de la solemnidad que debería haber sido sentida y manifestada en una ocasión
como aquella estaba presente." (44)
Visto que muchos
delegados no mantenían constante comunión con Dios, se abrió la puerta para que
Satanás les controlase, por algún tiempo, la mente. Ellos no poseían ninguna
defensa contra sus tentaciones. No
debemos permitir que un capítulo tan triste se repita.
3.- En tercer lugar, debemos aprender a amar a todos nuestros hermanos, entre los cuales los que
no participan de nuestras interpretaciones personales de las Escrituras.
Refiriéndose a Mineápolis, Elena G. de White lamentó: "La divergencia en
la aplicación de unos pocos pasajes bíblicos hace que los hombres se olviden de
sus princípios religiosos. Elementos se organizan, provocando unos a los otros
por medio de pasiones humanas, a oponerse
de manera áspera y condenatoria a todo aquello que no esté de acuerdo con sus
ideas. Este espíritu no es de un cristiano, sino de otro." (45)
Ella amonestó a los
hermanos: "A. T. Jones y el Dr. Waggoner defienden puntos de vista sobre
algunos aspectos doctrinarios que todos admiten no ser cuestiones vitales... Es
una cuestión vital, sin embargo, si somos cristianos, si tenemos un espíritu
cristiano, y si somos verdaderos, abiertos, francos unos con los otros."
(46)
La ley en Gálatas y los
diez reinos de Daniel 7 no eran "cuestiones vitales" - no
negociables, como el sábado y las doctrinas del juicio investigador. Ellas
figuraban en aquella especie de interpretaciones bíblicas en la cual se debe
tolerar alguna libertad de creencia. ¿Es correcto ser indiferente para con
nuestros hermanos y hermanas cuyos puntos de vista no son iguales a los
nuestros, en cuestiones que todos concuerdan no ser vitales? Manifestar un
espíritu no cristiano para con las personas de la Iglesia que difieren de
nosotros en estas cuestiones y en otras semejantes, es repetir el espíritu de
Mineápolis. Poco antes de la reunión de Mineápolis, Elena G. de White exhortó a
los hermanos: "Lo que se necesita es de la iluminación del Cielo para que
al mirar en el rostro de nuestros hermanos, podamos decir: Estos son los que
fueron comprados por el precio de la sangre de Cristo. Ellos e son preciosos a su
vista. Debo amarlos como Cristo me amó." (47).Ciertamente es un buen
consejo para nosotros hoy.
4.- En cuarto lugar, debemos examinar personalmente las
Escrituras, y no permitir que otros piensen por nosotros.
En Mineápolis, Elena G. de
White pudo notar que muchos de nuestros pastores estaban simplemente siguiendo
la orientación de los Pastores Butler y Smith en la comprensión de las
Escrituras. Ellos no estaban haciendo su propio juicio. La lealtad al liderazgo
- una virtud recomendable - se torna una grave debilidad cuando es llevada a
seguir ciegamente el liderazgo en todas las circunstancias.
En 19 de octubre, Elena
G. de White advirtió los delegados: "No acreditéis en cualquier cosa
simplemente porque otros dicen que es la verdad. Tomad vuestra Bíblia y
examinadla por vosotros mismos." (48)
En 24 de octubre ella
apeló nuevamente: "Deseo que los hombres jóvenes tomen una posición, no
porque alguien la tomó, sino porque comprendieron la verdad por si
mismos." (49)
Y el 3 de noviembre,
último sábado de la conferencia, ella apeló una vez más a los hermanos:
"Debemos estar preparados para investigar las Escrituras con mentes
desarmadas, con reverencia e imparcialidad. Conviene orar sobre cuestiones de
divergencias en puntos de vista de las Escrituras." (50)
En el día siguiente, 4
de noviembre, Elena G. de White escribió a su nuera: "Los ministros han
sido la sombra y el eco del Pastor Butler por ahí, desde que sea saludable y
para el bien de la Causa ... El Pastor Butler ... cree que su posición le
confiere tal poder que su voz es infalible. Sacar esto de la cabeza de los
hermanos ha sido un asunto difícil." (51). No caigamos en la trampa y coloquemos
un hombre donde solo Dios debe estar.
5.- Quinto, debemos realzar la justificación por la fe en nuestra
predicación; deberíamos tornar el asunto tan claro como el cristal para el
pueblo, y estar seguros de que nosotros mismos disfrutamos de una relación
salvífica con Jesucristo. Elena G. de White exhortó: "La fe en la justicia
de Jesucristo, en beneficio del alma de cada individuo, debe ser presentada al
pueblo, para que la estudien y la consideren cabalmente. Es imposible hablar
demasiado sobre el tema, ni con demasiado ardor." (52)
Es probable que todos
los delegados de Mineápolis insistiesen en que creían en la doctrina de la
justificación por la fe en Cristo. Muchos, sin embargo, no actuaban ni parecían
estar de acuerdo con esto, ya sea en la conferencia de 1888, ya sea en los
meses subsiguientes. Dirigiéndose a la sesión de la Asociación General de 1889,
Elena G. de White declaró: "La verdadera religión, la única religión de la
Bíblia, que enseña el perdón a través de los méritos de un Salvador crucificado
y resucitado; que defiende la justificación por la fe en el Hijo de Dios, ha
sido menospreciada, difamada y ridicularizada. Ha sido denunciada como
llevando arrebatamiento y fanatismo."
(53)
Aun el pensamiento de Urías
Smith sobre el asunto, parece haber sido no muy claro a veces. Por ejemplo, en el
editorial de la Review de 11 de
junio de 1889, él escribió: "La ley es espiritual, santa, justa y buena,
el patrón divino de justicia. La perfecta obediencia a ella traerá justicia
perfecta, y esta es la única manera por la cual puede alguien alcanzar la
justicia...
"Hay una justicia
que podemos obtener, a fin de ver el reino del Cielo, la cual es llamada 'justicia nuestra', y esa justicia viene por
el hecho de estar en armonía con la ley de Dios. En Deut. 6:24-25, leemos: “Y nos mandó Jehová que
cumplamos todos estos estatutos, y que temamos a Jehová nuestro Dios, para que
nos vaya bien todos los días, y para que nos conserve la vida, como hasta hoy.
25Y tendremos justicia cuando cuidemos de poner por obra todos estos
mandamientos delante de Jehová nuestro Dios, como él nos ha mandado." (54)
Una semana después de
publicado este editorial, alguien preguntó a Elena G. de White: “¿Qué quiere
decir ese artículo del hermano Smith en la Review?" Ella respondió públicamente:
"El no sabe a respecto de lo que está hablando; él ve los árboles como
hombres andando... Es imposible exaltar la ley de Jehová, a menos que nos
apoderemos de la justicia de Jesucristo." (55)
En su extenso
manuscrito, "Mirando retrospectivamente para Mineápolis", escrito
poco después del término de la conferencia, Elena G. de White declaró:
"Doy testimonio de que la más preciosa luz estuvo a resplandecer de las
Escrituras en la presentación del gran asunto de la justicia de Cristo en
relación con la ley, el cual debe ser constantemente conservado delante del
pecador como su única esperanza de salvación...
"Es un estudio que puede exigir el esfuerzo de la más elevada
inteligencia humana, que el hombre caído, engañado por Satanás; que tomó el
lado de la cuestión perteneciente a Satanás; pueda ser ajustado a la imagen del
infinito Hijo deDios - ese hombre será semejante a El, para que, en virtud de
la justicia de Cristo concedida al hombre, caído pero redimido, Dios lo ame,
así como amó a Su Hijo...
"Este es el
misterio de la piedad. Esta figura es del más alto valor. Se debe meditar sobre
ella, usarla en cada sermón, colgarla en la pared de la memoria, pronunciarla
por labios humanos, y debe ser investigada por seres que experimentaron y conocieron
que el Señor es bueno. Ella debe ser la base de cada sermón." (56)
Difícilmente la hermana
White podría haberse expresado con más certeza y más decididamente que cuando
dijo: "El punto que más me ha impresionado la mente durante años es la
imputada justicia de Cristo... No hay punto sobre el cual se deba demorar con
más empeño, repetir más frecuentemente, o ser más nítidamente grabado en la
memoria de todos, que la imposibilidad de merecer el hombre caído alguna cosa
por sus buenas obras. La salvación es apenas mediante la fe en Jesucristo."
(57)
6.- En sexto lugar, no debemos "despreciar las
profecías" (I Tes. 5:20). Si tan solo Urías Smith hubiese dado atención a
este consejo en Mineápolis, se habría ahorrado a si mismo y a muchos otros de
sufrimiento. El maligno, sin embargo, convenció a Smith de que Elena G. de
White se contradecía. Ella había dicho en 1856, que el punto de vista de J. H.
Waggoner sobre Gálatas tres estaba errado. Ahora, en 1888, ella parecía apoyar
al Waggoner más joven, que poseía esencialmente el mismo punto de vista de su
padre.
En verdad, Elena G. de
White no tomó posición sobre Gálatas 3, en la conferencia de Mineápolis. De
manera inteligente, ella evitó tomar partido en cuanto a este asunto. En
realidad, ella indicó que su comprensión de ese pasaje era, en algunos
aspectos, diferente de la que poseía el Dr. Waggoner. (58)
Smith, sin embargo, no
le dio atención. El permitió demorarse sobre lo que consideraba fuesen errores
de Elena G. de White. Su indiferencia para con la profetisa de Dios continuó
por más dos años. Finalmente, en 7 de enero de 1891, él hizo una confesión
cabal. De ella escribió Elena G. de White: "El hermano Smith... me sujetó
la mano cuando dejaba la sala, y dijo: 'Si el Señor me perdona por la tristeza
y pesares que le he traído, le afirmo que esta será la última vez. Yo mantendré
sus manos erguidas.'... Raramente el Pastor Smith derramaba lágrimas, pero él
lloró, y su voz quedó embargada." (59)
Este rechazo temporal
de la voz profética fue perjudicial no solo a la experiencia cristiana de Urías
Smith, sino que tuvo también un efecto ondulante y solapador en la confianza de
otros. Elena G. de White le recordó que él no podría anular las consecuencias
ya diseminadas de su influencia. Ella apeló: "Después de su actitud haber minado
las mentes y la fe en los testimonios, ¿qué ganó usted? Si usted recupera su
fe, ¿cómo podrá remover la impresión de incredulidad que sembró en otras
mentes? " (60)
¡Cuán mejor es que
estemos firmes en nuestra convicción de la evidencia que Dios nos dio, de que Elena
G. de White fue Su profetisa!
7.- Como ítem número siete, mantengamos nuestra confianza en la
Iglesia Adventista del Séptimo Día. Esta es la organización eclesiástica a la
cual se refiere Apoc. 12: 17. No hay ninguna otra. Aun cuando Elena G. de White
haya revelado duda cuanto a esto en Mineápolis, ella no conservó aquellas dudas
por mucho tiempo. Antes que dejase aquella ciudad, ella escribió a su nuera:
"Tiemblo al pensar lo que habría sido de esta reunión si no hubiésemos
estado allí... Dios operaria de alguna forma para impedir este espíritu traído
a la reunión, que tuvo un poder controlador... Pero no estamos ni un poco
desanimados. Confiamos en el Señor Dios de Israel. La verdad triunfará y
pretendemos triunfar junto con ella." (61)
Por el resto de su
vida, Elena G. de White continuó a dar esta misma nota de confianza en el
movimiento del advenimiento. En los años 90, el "regio poder" en la
administración de la Asociación General arrancó de ella las incisivas palabras:
"La voz de Battle Creek... ya no es la voz de Dios" (62) "La
iglesia está en estado laodicense. La presencia de Dios no está en el medio de
ella." (63) Fue, sin embargo, capaz de decir al mismo tiempo: "Dios
está al frente de la obra, y pondrá todo en orden. Si alguna cosa necesita ser
arreglada en la dirección de la obra, Dios se ocupará de esto, y operará en el
sentido de corregir todo lo que esté errado. Tengamos fe en que Dios está
dirigiendo la noble embarcación que llevará a salvo al puerto Su pueblo."
(64)
Los baluartes de
Satanás jamás triunfarán. La victoria estará del lado del mensaje del tercer
ángel. Como el Capitán de las huestes del Señor hizo caer los muros de Jericó,
así triunfará el pueblo que guarda los mandamientos del Señor, y todos los
elementos de oposición serán derrotados." (65)
"Me siento animada
y bendecida cuando pienso que el Dios de Israel aún está guiando Su pueblo, y
que continuará con él hasta el
fin." (66)
¿Qué lecciones podemos
aprender de la Conferencia General de 1888, fuera de las enumeradas en este
artículo? ¿Cómo se habría comportado usted si hubiese sido delegado en la Conferencia
General de 1888?
Este artículo fue
publicado en la Revista "El Ministerio Adventista" de Mayo/Junio de
1988.
Autor: Robert W. Olson
* = Todas las citaciones de los manuscritos y cartas de Elena G. de
White de este artículo fueron sacados de la obra en cuatro volúmenes: Ellen G. White 1888 Materials,
publicada en 1987 por el Ellen G. White Estate, Washington, D.C.
* * = Todas las citaciones de cartas de este artículo, no
pertenecientes a E. G. White, son sacadas de la obra en dos volúmenes: 1888 Supplementary Materials, publicada
en 1988, por el Ellen G. White Estate, Washington, d.C.
Bibliografía.-
1.- Manuscrito 21, 1888
2.- Manuscrito 30, 1889
3.- Idem
4.- Carta 82, 1888 (3
Mensajes Escojidas: 177-178)
5.- W. C. White a O. A.
Olsen, 27 de noviembre de 1888
6.- G. I. Butler a Y. G.
White, 1 de octubre de 1888, página 23
7.- J. H. Waggoner, The Law of God, páginas. 80, 81 y 74
8.- Urías Smith a Elena G.
de White, 7 de febrero de 1890
9.- Elena G. de White no
definió su posición sobre la ley en Gálatas sino varios años más tarde. Ella no
la consideraba asuntos diferentes, pero creía que la ley ordenada incluía tanto
la ley ceremonial como la moral. Ver
Comentarios de Elena G. de White en 6 SDABC: 1109-1110.
10.- George Butler, The Law in the Book of Galatians, pág. 4
11.- G. I. Butler a Elena G. de White, 16 de diciembre de 1886
12.- Advent Review and Sabbath Herald, 14 de diciembre de 1886,
página 779.
13.- G. I. Butler a Elena G. de White, 16 de diciembre de 1886,
página 6
14.- Carta 37, 1887
15.- Carta 13, 1887
16.- G. I. Butler a Elena G. de White, 1 de octubre de 1888
17.- Carta 13, 5 de abril de 1887
18.- W. C. White a Dan T. Jones, 8 de abril de 1890
19.- Carta 20, 5 de agosto de 1888
20.- W. C. White a Dan T. Jones, 8 de abril de 1890
21.- Idem
22.- Manuscrito 24, 1888 (3 Mensajes Escojidas: 163-164)
23.- Carta 21a, 1888
24.- Urías Smith a Elena G. de White, 17 de febrero de 1890
25.- Elena G. de White, Manuscrito 24, 1888
26.- Carta 14, 1889
27.- Carta 40, 1890
28.- Carta 21, 1888
29.- Manuscrito 13, 1889
30.- Carta 6, 1896
31.- 1 Mensajes Escojidas: 234-235
32.- Manuscrito 15, 1888
33.- Manuscrito 13, 1888
34.- Carta 57, 1895
35.- W. C. White a G. C. Tenney, 5 de mayo de 1893
36.- A. O. Tait a W. C. White, 7 de octubre de 1895
37.- C. C. McReynolds, "Experiencias durante la Conferencia General
de Mineápolis, Minn, 1888", escrito en 1931.
38.- Carta 51a, 1895
39.- Manuscrito 9, 1890
40.- I. D. Van Horn a Elena G. de White, 9 de marzo de 1893
41.- Patriarcas y Profetas: 590
42.- Carta 24, 1892
43.- Patriarcas y Profetas: 590
44.- McReynolds
45.- Manuscrito 30, 1889
46.- Carta 83, 1890
47.- Carta 20, 1888
48.- Signs of the Times, 11 de noviembre de 1889
49.- Manuscrito 9, 1888
50.- Manuscrito 15, 1 de noviembre de 1888
51.- Carta 70a, 1888
52.- Carta 85, abril de 1889
53.- Carta 24, 1889
54.- Review and Herald, 11 de junio de 1889, página 376
55.- Manuscrito 5, 1889
56.- Manuscrito 24, 1888
57.- Manuscrito 36, 1890
58.- Manuscrito 15, 1888
59.- Carta 32, 1891
60.- Carta 59, 1890
61.- Carta 70a, 1888
62.- Carta 4, 1896
63.- Manuscrito 156, 1898
64.- Review and Herald, 20 de septiembre de 1892, página 594
65.- Testimonios para Ministros: 410 (declaración publicada por la
primera vez en 1898)
66.- Life Sketches, páginas 437-438
¿QUÉ ES EL
MENSAJE DE 1888 ?
Por gentil insistencia del
editor, vosotros y yo fuimos incumbidos de hablar sobre el "mensaje de
1888", asunto sobre el cual una porción de personas están hablando este
año. Entendemos que todos vamos a usar la expresión para referirnos al mensaje especial de justificación por la fe -
si es que él fue especial - que fue presentado en la sesión de la Asociación
General de 1888 en Mineápolis. Entendemos también que él se refiere a la forma
del mensaje que debíamos estar predicando hoy. De ahí la razón del título preguntar lo que es, en lugar de lo que fue
el Mensaje de 1888.
Tratar de determinar el
contenido histórico preciso del "Mensaje de 1888" es un desafío.
Tenemos libros y artículos que E. J. Waggoner y A. T. Jones escribieron poco
antes y después de la reunión de Mineápolis de 1888, tres breves ítems en el
Boletín Diario de la Asociación General hablando sobre presentaciones de
Waggoner, innúmeros comentarios hechos por Elena G. de White y algunas memorias
escritas años atrás por personas que estuvieron allí. Pero cuando todo es dicho
y hecho, la verdad es que nadie sabe precisamente lo que Waggoner y Jones
realmente dijeron en Mineápolis, en 1888. Tratar de descubrir transcripciones
de sus mensajes no obtuvo éxito hasta hoy, y las alegaciones de que esas
transcripciones fueron localizadas no fueron confirmadas.
La tentativa más
reciente de descubrir tal documentación fue hecha por mi colega, el Dr. George
Knight, incansable investigador, para su libro "From 1888 to
Apostasy" (De 1888 hasta la Apostasía).
La costumbre de copiar
cada charla en las sesiones de la Asociación General solo fue instituida en
1891. Tenemos, sin embargo, copias de muchas de las charlas de Elena G. de
White, proferidas en Mineápolis. Visto que la Providencia debe haberse negado a
proporcionar copias a Waggoner y Jones también, talvez no necesitemos realmente
saber con precisión lo que ellos dijeron.
El entendimiento de Elena G. de White.-
Una razón para no
necesitar saber con precisión lo que ellos dijeron, es que tenemos un copioso
relatorio de la percepción que tuvo de ellos Elena G. de White.
Fue Elena G. de White
quien nos dijo que 1888 fue importante. Fue ella quien dijo que en Mineápolis
"Dios dio el más precioso mensaje" por medio de "Sus
siervos", los Pastores Waggoner y Jones (1). Fue ella quien caracterizó el
Mensaje de 1888 como el "incomparable atractivo de Cristo" (2), como
"el tercer mensaje angélico" (3), y aun, "en verdad el mensaje
del tercer ángel" (4). Fue ella quien habló de él como indicando el inicio
del alto clamor (5).
En contraste con Elena
G. de White, muchos de los hermanos de la liderazgo que oyeron los sermones
pronunciados por Waggoner y Jones en Mineápolis quedaron irritados con ellos.
Quedaron alarmados con la interpretación dada por Waggoner de la ley que
"sirvió de ayo" de Gálatas 3:24-25, como siendo la ley moral. Durante
la sesión previa, ellos quedaron igualmente alarmados con la substitución de
los Alemanni por los Hunos, hecha por Jones en la relación generalmente
aceptada de los diez cuernos de Daniel 7:24. Cuanto al realce de la
justificación por la fe, ellos no podían ver cómo él divergía de aquello que
todos ellos habían estado predicando durante años. Cuando oyeron su profetisa
apoyar repetidas veces a Waggoner y Jones, ellos escribieron para casa diciendo
que la hermana White había "mudado" y que los hombres de California
la habían conquistado.
Waggoner es el orador
al cual estamos más ligados, cuando pensamos sobra el Mensaje de Mineápolis de
1888, pues fue con relación a su interpretación de la ley que sirvió de ayo que
él hizo sus mayores presentaciones sobre la justificación por la fe en aquella
ocasión. Jones dio sus principales contribuciones a la comprensión adventista
de la justificación por la fe después que la Conferencia General de 1888 hubo
terminado. A propósito, E. J. Waggoner era médico, al mismo tiempo que
ministro, de manera que se referían a él en Mineápolis como el Dr. Waggoner.
Como muchos de los
hermanos, a Elena G. de White no le gustó todo lo que oyó decir al Dr.
Waggoner. Un año antes ella le había escrito a él, expresando el desagrado de
Dios por haber publicado sus puntos de vista controvertidos sobre la ley que
sirvió de ayo en The Signs of the Times. En las reuniones matinales de
Mineápolis, ella dijo que no consideraba que él estuviese presentando alguna
luz nueva - aun cuando añadiese que no tenía una idea formada sobre el asunto,
que aun no estaba "preparada para tomar una posición". Ya en el final
de las reuniones ella dijo: "Algunas interpretaciones de la Escritura, dadas
por el Dr. Waggoner, no las considero correctas" (7). Cuanto al debate
entre Waggoner y los hermanos, acerca de la ley que sirvió de ayo, ella veía
ambos lados como parcialmente errados (8). En verdad, ella consideraba toda la
cuestión del ayo como un simple "grano de arena" (9).
Sin embargo, es de gran
importancia para nosotros saber que, entre las cosas que ella no apreció, Elena
G. de White oyó algunas que le gustaron mucho. Mientras los días se pasaban, su
corazón pulsaba más fuerte al oír ella esas gloriosas "cosas".
"Veo la belleza de la verdad en la presentación de la justicia de Cristo
en relación a la ley, como el doctor la ha presentado." (10). Esta parte
del mensaje, añadió, "se armoniza perfectamente con la luz que Dios se agradó
concederme durante todos los años de mi experiencia"(11). Ella apeló a los
ministros, al final de la sesión del jueves, para que aceptasen este mensaje -
que dijo necesitaban aceptar - "de la justicia de Cristo en relación con
la ley" (12). Poco después de las reuniones de Mineápolis, ella dijo que
el mensaje no era nueva luz, sino "luz antigua colocada donde ella debía
estar en el mensaje del tercer ángel" (13). Cuando ella la oyó, dijo
alegre y reconocidamente: "Cada fibra de mi corazón dice amén" (14).
Hubo otras personas que
también entendieron este Mensaje de 1888, a despecho de la controversia sobre
la ley que sirvió de ayo. Algunos pastores quedaron tan arrepentidos y
convencidos de la nueva fe en Jesús que hasta pidieron para ser rebautizados.
¿Necesitamos entonces
saber lo que fue este algo subyacente que Elena G. de White percibió ser tan
importante, la presentación que a veces
denominamos del Mensaje de 1888 ? Debemos querer predicarlo también.
En "From 1888 to
Apostasy", George Knight presenta algunas reflexiones oportunas y algunos
comentarios útiles. El hace distinción entre una doctrina y una experiencia, y
sugiere que fuera de todo lo que Elena G. de White deseaba era que experimentásemos la justificación por
la fe, en lugar de definirla minuciosamente.
Basados en eso, ¿podemos
acordarnos de que muchas doctrinas precisan ser experimentadas? La guarda del
sábado y la devolución del diezmo obviamente poseen dimensiones que deben ser
experimentadas, así como definidas. Aun la doctrina de la segunda venida
debería afectar todas nuestras decisiones diarias, o la opinión de que ella no
vale mucho.
El hecho de que una
doctrina debe ser experimentada implica, naturalmente, que debemos llegar a una
adecuada definición de ella, o la experiencia, con toda probabilidad, no será
apropiada. Por ejemplo, las personas que encuentran que el sábado es el domingo
o que es un feriado, más que un día santo, talvez no estén sintiendo el día de
la manera que Dios entiende.
Si los adventistas hoy
debemos tener una experiencia genuina en la especie de justificación por la fe
del Mensaje de 1888, necesitamos conocer la doctrina genuina. Ya vimos que en
su centro estaba la justificación por la fe en relación con la ley. Y que ella
era la justificación por la fe "en el engaste" del mensaje del tercer
ángel.
Una creencia legalista
de que debemos merecer la salvación, y la creencia superficial de que nuestros
pecados están perdonados, sin el verdadero arrepentimiento y sin el
ofrecimiento de perdón a nuestros
semejantes, ambas resultarán en una experiencia inadecuada. Cuando Jesús hizo Su "presentación evangélica",
El prometió perdón pleno y de gracia, pero no lo promete, como algunas personas
piensan, a cambio de una feliz creencia momentánea en la bondad de Dios. Junto
con la Oración del Señor, dijo El: "Si perdonares a los hombres sus ofensas, vuestro Padre celestial también
os perdonará". Alabado sea Su nombre! Después El añade: "Pero si no
perdonáis a los hombres sus ofensas,
tampoco perdonará vuestro Padre vuestras ofensas" (Mat. 5:14-15, RSV).
Ningún legalismo aquí, ni gracia barata.
De esa manera, debemos experimentar el Mensaje de 1888; y,
para hacer eso, precisamos conocer su contenido.
Dios, sin embargo, encontró conveniente preservar esto para nosotros, no
necesariamente en su estilo exacto dado por Waggoner y Jones.
En ese caso, ¿qué
deberíamos hacer? Creo que debemos hacer lo que Knight sugiere en su libro. (En
verdad, hablamos sobre él mientras el autor lo estaba escribiendo). Visto que
el Mensaje de 1888 es algo que Elena G. de White percibió, por medio de un
proceso de filtraje, botar lo que no era bueno y reconocer lo que se armonizaba
con la revelación de Dios para ella; y una vez que debemos realmente depender
de su percepción para saber lo que ella fue exactamente, creo que debemos impregnarnos
de la Bíblia, naturalmente, y también de los escritos de Elena G. de White -
especialmente de los libros prácticos gloriosamente centralizados en Cristo, y
de los artículos que ella escribió inmediatamente antes de 1890 y durante los
años 90.
Para el objetivo que
tenemos ahora, omitiremos los testimonios no publicados y, en vez de eso, nos
concentraremos en los libros que la mayoría de nosotros poseemos en nuestros
estantes: Camino a Cristo, El Deseado de Todas las Gentes, Palabras de Vida del
Gran Maestro y Testimonios para Ministros, y sobre otro libro que considero que
todos debemos encontrar muy útil, Crisis y Victoria, de A. V. Olson. Las
charlas existentes de Elena G. de White, que fueron presentadas en Mineápolis,
están incluidas en el apéndice de ese libro y están entre las mejores
evidencias que poseemos en favor de lo que ella vio cuanto al Mensaje de 1888.
Impregnados así de la
Bíblia y de las publicaciones apropiadas de Elena G. de White, creo que
deberíamos preparar sermones que atendiesen los criterios del Mensaje de 1888. En el espacio de que dispongo, puedo
hacer apenas sugestiones cuanto a la manera en que podemos atender estos
criterios. Descubriréis cosas adicionales maravillosas. Pero por la importancia
que tiene, permítanme sugerir que cualquier sermón que represente el Mensaje de
1888 haría bien en llenar esos criterios básicos:
1.- Debería
concentrarse firme y permanentemente en Jesús Cristo.-
Al discutir el mensaje
de 1888 en el texto clásico de Testimonios para Ministros, páginas 89 hasta 98,
Elena G. de White dice: "Este mensaje debía poner de manera más
preeminente delante del mundo el Salvador crucificado, el sacrificio por los
pecados de todo el mundo ... Muchos perdieron Jesús de vista. Debían haber tenido
la mirada fija en Su divina persona, en Sus méritos y en Su inmutable amor por
la familia humana" (15).
En la página siguiente
ella añade que "a menos que torne la ocupación de su vida contemplar el
Salvador levantado, y por la fe acepte los méritos que es su privilegio
reclamar, no podrá más el pecador ser salvo de lo que podía Pedro andar sobre
las aguas, a no ser que conservase los ojos bien fijos en Jesús" (16).
En la propia reunión de
Mineápolis, Elena G. de White predicó un bello mensaje basado en "Ved cuan
grande amor nos ha concedido el Padre" (I Juan 3:1-3), dando realce al
modo verbal "Ved" (17). Al resumir el Mensaje de 1888 en respuesta a
una pregunta que le fue hecha en una reunión campal en 1889, ella dijo que era
el mismo mensaje "que tengo procurado presentaros en estos últimos
cuarenta y cinco años (desde 1844) - la
belleza incomparable de Cristo" (18).
De vez en cuando
Paulina, mi esposa, me dice: "Háblame sobre la belleza incomparable de
Cristo". Ella nos hace bien. Talvez querráis hacer una lista de esas
bellezas y predicar un sermón sobre cada una de ellas. Mientras tanto, somos
recordados en Camino a Cristo,
paginas 70-71:
"Cristo en Su abnegación, Cristo en Su humillación, Cristo en
Su pureza y santidad, Cristo en Su incomparable amor - este es el tema para la
contemplación del alma. Es amándolo, imitándolo, confiando enteramente en Él,
que habéis de ser transformados a Su semejanza".
2.- Debería
llevar la confianza en el perdón centralizado en Cristo y también a la
persistencia en la obediencia centralizada en Cristo de todos los mandamientos
de Dios, entre los cuales el cuarto.
El pasaje clásico de Testimonios para Ministros, que
acabamos de citar, dice también: "En Su gran misericordia, envió el Señor
precioso mensaje a Su pueblo por intermedio de los Pastores Waggoner y Jones
... Presentaba la justificación por la
fe en el Fiador; convidaba al pueblo para recibir la justicia de Cristo, que se manifiesta en la obediencia a todos los mandamientos de Dios" (19).
El pasaje dice aun:
"Todo el poder fue entregado en Sus manos, para que El pudiese dar ricos
dones a los hombres, transmitiendo el inestimable don de Su justicia al
impotente ser humano. Este es el mensaje que Dios manda proclamar al mundo. Es
el tercer mensaje angélico, que debe
ser proclamado con alto clamor y regada con el derramamiento de Su Espíritu
Santo en gran medida" (20).
Algunas páginas más
adelante, leemos: "Este es el testimonio que debe ir por toda la largura y
extensión del mundo. Presenta a la ley y el evangelio, uniendo los dos en un
todo perfecto" (21).
En la década de 1880, muchos sermones adventistas resaltaban la
obediencia a expensas de la seguridad. Hoy, uno de los defectos de muchos
sermones es que ellos hablan muy poco a respecto de la obediencia. Ellos
convidan los pecadores a ir a un Dios que no solo los acepta como ellos están
(gracias a Dios por eso!), pero que, después de aceptarlos, tiene poco interés
en transformarlos. A esta especie de convite Elena G. de White jamás llamaría
de mensaje del tercer ángel. Este mensaje se encierra con la vibrante
afirmación: "Aquí están los que guardan los mandamientos de Dios y tienen
la fe de Jesús" (Apoc. 14:12).
En Mineápolis, Elena G.
de White vio el carácter de Cristo revelado en la ley; al mismo tiempo, ella
vio la ley de Dios confirmada en la cruz. Cualquier sermón sobre justificación
por la fe presentado hoy, que no lleve a los pecadores a aceptar el poder de
Cristo para obedecer, así como Su maravillosa gracia para aceptar y perdonar,
no puede representar correctamente el Mensaje de 1888.
3.- Debe ser
claramente adventista.-
No debemos olvidarnos
que en el inicio de nuestro movimiento "el mensaje del tercer ángel"
envolvía obediencia al santo sábado y estaba de modo característico relacionado
con la doctrina del santuario del mensaje del primer ángel y del llamado para
salir de Babilonia, inherente al mensaje del segundo ángel. En verdad, en la
época de 1888, "el mensaje del tercer ángel" fue taquigrafiado para
el sistema característico de las creencias adventistas del séptimo Día.
Para que un diamante haga parte de una alianza de casamiento debe ser colocado firmemente en la alianza.
Un aspecto grandemente apreciado por Elena G. de White, del realce de la
justificación por la fe predicado por Waggoner, fue que ella fue "colocada donde debía estar en el
mensaje del tercer ángel" (22). Vimos esto pocos minutos atrás, pero
parece ser importante lo suficiente como para ser repetido.
La justificación por la
fe, de Lutero, fue establecida en su doctrina de la "sujeción de la
voluntad" y su hostilidad al sábado. La de Calvino se basaba en la
doctrina por el defendida de la soberanía de Dios, así como de la
predestinación y gracia irresistible. El Mensaje de 1888 coloca la
justificación por la fe en el engaste del tercer ángel, que por su vez la liga
a los otros dos ángeles de Apocalipsis 14:6-12. Esto significa que Elena G. de
White la percibió como estando firmemente encajada en el mensaje de la hora del
juicio de 1844, y en la doctrina del santuario y del sábado.
En Mineápolis, ella hizo frecuentemente uso de la teología del
santuario, como, por ejemplo, en el sábado, Día 20 de octubre: "Cristo
está ahora en el santuario celestial. Y ¿qué está El haciendo? Está haciendo
expiación por nosotros, purificando el santuario de los pecados del pueblo.
Entonces debemos entrar por la fe en el santuario juntamente con El; debemos comenzar
la obra en el santuario de nuestras almas ... Venid y humillad vuestro corazón
en confesión, y mediante la fe asegurad firmemente el brazo de Cristo en el
santuario celestial" (23).
4.- Debe
enseñarnos a amar los unos a los otros, así como a amar a Jesús.-
5.- Debe apelar
para que nos arrepintamos con valentía y positivamente de nuestros pecados
acariciados.
En muchos sentidos los
años 90 - la década después de 1888 - fue una época muy buena para los
adventistas. Nuestros primeros puestos misioneros para no cristianos, por
ejemplo, fueron fundados, y nuestro índice anual de crecimiento de 9,8% fue el
segundo más elevado de los que ya hubo en cualquier década.
Se debe admitir que tal
éxito atestó las bendiciones de Dios a un pueblo que aceptó el maravilloso
mensaje de 1888 y se apropió de el.
Trágicamente, sin
embargo, la década fue también marcada por la necesidad de flujo de comunicación,
que por último apareció en Testimonios
para Ministros como el libro que dice que "débil y defectuosa"
como la iglesia pueda ser, es aun "el objeto de Su suprema
consideración" (24).
Repetidamente en este
libro, en pasajes que podemos asociar fácilmente al Mensaje de 1888, Elena G.
de White presenta la sublime belleza de Jesús Cristo. En perfecto contraste,
hay un indicio después de otro de que la liderazgo, los laicos, las instituciones,
las asociaciones, los campos misioneros y la iglesia como un todo necesitaban
grandemente de una reforma en armonía con esta sublime belleza de Cristo.
Reiteradas veces volvemos al cuadro de que "no pocos, sino muchos" (destaques en el original)
perdieron su celo espiritual y se alejaron de la luz (25).
Había una
"aturdidora apostasía" entre el pueblo de Dios. La iglesia estaba
"fría", su primer amor se enfriara (26). Como los adoradores de
Ezequiel 9, los líderes de Battle Creek (no todos) habían vuelto las espaldas
para el Señor; como ellos, muchos miembros habían también rechazado la liderazgo
de Cristo y, en lugar de ésta, escogido la de Baal. Los presidentes de la
Asociación estaban siguiendo los rumbos del romanismo" (27).
Todos fallaron. La
situación era tan grave que Elena G. de White proclamó que el Señor "tiene
una contienda" con Su pueblo y luego "volverá y subvertirá las
instituciones llamadas por Su nombre" (28).
Dejando de lado el
lenguaje candente, que realmente estaba errado? He aquí una respuesta: "Si
abrigáis el orgullo, la estima propia, el amor a la supremacía, a la
vanagloria, al engaño, a la difamación, no tenéis a Cristo en el corazón, y la
evidencia muestra que tenéis la mente y el carácter de Satanás ... Podéis tener
buenas intenciones, buenos impulsos, podéis hablar de la verdad de manera inteligible,
pero no estáis adaptados para el reino del Cielo" (29).
Se predica el bien y se
hace una porción de cosas buenas, mientras se habla mal, se quejan y se duda de
Dios. Se lucha por el primer lugar. Esta es la especie de cosas! Los miembros
de la iglesia estaban actuando como cristianos comunes, cuando debían haber
estado a reflejar para el mundo la belleza de Jesús, a irradiar la santa gloria
del carácter de Dios, y a prepararse, por Su misericordia, para ser vasos
purificados para el derramamiento de la Lluvia Tardía, o Su Espíritu.
Al presentar la justificación por la fe en la era de 1888, Elena
G. de White apelaba insistentemente al arrepentimiento de pecados como estos.
Evidentemente, nuestros sermones sobre justificación por la fe hoy en Día,
deben apelar al arrepentimiento de pecados comunes, obscenos y acariciados.
Debemos presentar a Dios como estando grandemente interesado en perdonarnos y
también como esperando que admitamos enteramente nuestra pecaminosidad y que
perdonemos las faltas de las otras personas.
6.- Debe
llevarnos a una relación con Jesús que resulte en tornar claras nuestras decisiones.-
Otro día un alumno se
puso de pié en la clase para recordarme de aquello que dice El Deseado de Todas
las Gentes a respecto de Judas y de todas las personas. Dice que Judas quería
ser bueno y que fue para tener el carácter mudado que él procuró inicialmente
relacionarse con Jesús.
"Reconocía ser Sus
enseñanzas superiores a todo cuanto oyera anteriormente. Amaba al gran Maestro,
y anhelaba estar con El. Tuvo el deseo de ser transformado en el carácter y en
la vida, y esperaba experimentar eso mediante su ligación con Jesús. El
Salvador no rechazara a Judas. Le diera lugar entre los doce. Le confió la obra
de evangelista. Lo dotó de poder para curar los dolientes y expulsar los
demonios. Pero ni su relación con Jesús ni la bondad de Cristo para con él le
trajo algún beneficio a lo largo de la carrera".
¿Por qué? "Judas
no llegó al punto de rendirse enteramente a Cristo. No renunció a sus ambiciones
terrenas, ni a su amor al dinero. Al paso que aceptaba la posición de ministro
de Cristo, no se colocó en el divino molde. Creía que podía retener sus própios
juicios y opiniones, y cultivó la disposición de criticar y acusar" (30).
Siempre que leo este
pasaje, y me acuerdo de que él fue escrito en la década de 1890, tengo la
impresión de que el lidiar con sus própios hermanos de fe ayudó Elena G. de
White a entender lo que el Señor le revelara a respecto del pobre Judas.
Acordémonos de la exhortación
en Camino a Cristo: "El deseo
de bondad y santidad es, en sí mismo, loable; de nada, sin embargo, valdrán
esas virtudes, si se quedan solamente en el deseo. Muchos (¿como Judas? ¿Cómo
los líderes adventistas de la década de 1890? ¿Cómo nosotros hoy? Se perderán
mientras esperan y desean ser cristianos. No llegan al punto de rendir la voluntad
a Dios. No escogen ahora ser
cristianos" (31).
7.- Debe ser
agradable.-
"Creo que debéis
educar vuestro corazón y labios a loarlo" dijo Elena G. de White en
Mineápolis (32). "Regozijáos siempre" dijo Pablo en I Tes. 5:16.
¡Qué alegría ser
aceptado por Jesús! - no con un débil aprieto de manos, sino de brazos
ampliamente abiertos. ¡Qué alegría ser perdonado! - por el própio Juez
poderoso. ¡Qué alegría entregar nuestra vida a la sabiduría de nuestro
compasivo Redentor! ¡Qué alegría perdonar a los otros y tener arrancada cada
raíz de amargura! ¡Qué alegría crecer hasta la plena estatura de hombres y
mujeres en Cristo Jesús! ¡Qué alegría guardar el sábado en pureza y santidad en
la compañía de nuestro Señor y de los domésticos de la fe! ¡Qué felicidad
conocer a Jesús, a quien conocer correctamente es vida eterna! "Al cual,
no habiéndolo visto, amáis; en el cual,
no viéndolo ahora, pero creyendo os alegráis con gozo inefable y glorioso"
(I Pedro 1:8) - o como concluye el verso la KJV: "Con indecible alegría y
completa gloria".
Fue una gran bendición
procurar pensar en estas cosas con vosotros. Dios nos ayude al tratar todos de
predicar el mensaje de 1888 en este año.
Autor: C. Mervyn Maxwell
Catedrático del Departamento de Historia
de la Iglesia y del Seminario Teológico en la Universidad de Andrews.
REFERENCIAS.-
1.- Testimonios para
Ministros: 91 y 93
2.- Manuscrito 5, 1889
3.- Testimonios para Ministros:
92 y 93
4.- Review and Herald. 1º
de Abril de 1890
5.- Idem, 22 de Noviembre
de 1892
6.- Manuscrito 15, 1888
7.- Idem
8.- Idem
9.- Manuscrito 24, 1888
10.- Manuscrito 15, 1888
11.- Idem
12.- Idem
13.- Manuscrito 24, 1888
14.- Manuscrito 5, 1889
15.- Testimonios para Ministros: 92
16.- Idem: 93
17.- Manuscrito 7, 1888
18.- Manuscrito 5, 1888, itálicos suplidos
19.- Testimonios para Ministros: 91
20.- Idem: 92
21.- Idem: 94
22.- Manuscrito 24, 1888
23.- Manuscrito 8, 1888
24.- Testimonios para Ministros: 17
25.- Idem: 449
26.- Idem: 450, 167 y 168
27.- Idem: 89, 467, 468 y 362
28.- Idem: 373
29.- Idem: 441
30.- El Deseado de Todas las Gentes: 686
31.- Camino a Cristo: 47 y 48, itálicos de la autora
32.- Manuscrito 7, 1888
Este artículo fue
publicado en la revista “El Ministerio Adventista”, en la edición de Mayo/Junio
de 1988, en portugués.
¿HEMOS
RETARDADO EL ADVENIMIENTO?
Al mismo tiempo que Elena
G. de White escribió que podemos apresar o retardar el retorno del Señor,
escribió también que Jesús vendría "en el tiempo indicado". ¿Qué es
lo que ella quería decir?
Más de catorce décadas
ya se pasaron desde que Guillermo Miller predicó que Jesús vendría en 1844, y
muchos adventistas se están preguntando a sí mismos por que Él aun no vino. Por
un lado, graves señales apuntan para el fin. Tenemos la amenaza nuclear, la
epidemia del SIDA que está diezmando fría y amenazadoramente el Occidente, las
drogas, el demonismo y la decadencia destruidora de las instituciones
políticas.
Por otro lado, sin
embargo, algunas señales no se están cumpliendo. Las leyes dominicales no
constituyen un punto controvertido. El derecho religioso trata de él, pero
perdió la credibilidad, por causa de la derrocada del PTL. Ningún observador
del sábado permanece ahora en la prisión porque trabajó en el domingo. Muchas
denominaciones se han unido, pero su influencia en los legislativos es pequeña.
El gran desafío hoy no es el fanatismo religioso, sino el secularismo y la
incredulidad mundiales.
La sensación de que la
Iglesia perdió su percepción de la inminencia de la vuelta de Cristo está muy
difundida, y muchos están haciendo tremendos esfuerzos para sacar la Iglesia
del punto muerto. Algunos están reaplicando al futuro profecías cumplidas en el
pasado, creyendo que esto despertará al pueblo de Dios y llevará a los
acontecimientos finales. En 1980, un comentarista escribió un documento de
1.400 páginas, predicando que grandes cosas deberían acontecer en 1982 y 1983.
Otro confía en que es el Papa actual quien llevará al mundo a sancionar las
leyes dominicales. Algunos están convencidos de que el juicio en el Cielo
alcanzó el caso de los vivos en 1986. Otro predicó que las probaciones
terminarían para los adventistas en julio de 1987, y para el resto del mundo en
agosto de ese mismo año. Para algunos, los ciclos del jubileo antiguo emprestan
significado al año de 1987.
Mientras nadie está
mencionando el día y la hora, muchos están hablando del mes y del año. Esas
personas generalmente dicen que el Señor está aguardando que la Iglesia se
arrepienta del pecado y acepte las creencias y el estilo de vida que ellas
defienden. Están convencidas de que el tiempo del retorno de Cristo depende de
la disposición de Su pueblo.
Elena G. de White vivió
durante siete décadas después de 1844. Su actitud para con los años que se
pasaron puede ofrecernos orientación equilibrada ahora.
¿Ha retrasado Jesús Su Venida?
Muchos adventistas del
séptimo día creen que Jesús ha retardado Su venida y hacen referencia a la
declaración de Elena G. de White, hecha en 1883. Dijo ella que si todos los
adventistas hubiesen quedado firmes en la fe después de la desilusión de 1844,
y unidos en la proclamación del mensaje del tercer ángel, el Señor habría
"operado poderosamente junto con sus esfuerzos, la obra habría sido
terminada y Cristo ya habría venido para llevar Su pueblo para su recompensa"
(1).
"No era la
voluntad de Dios que la venida de Cristo fuese retardada de esta manera",
continua ella, comparando los creyentes del advenimiento con el antiguo Israel,
que vagó en el desierto por cuarenta años. Los mismos pecados - incredulidad,
mundanismo, falta de consagración y contienda - retardaron los acontecimientos
que ambos grupos estaban aguardando.
En esta declaración, Elena
G. de White escribe también que "tanto las promesas como las amenazas de
Dios son condicionales". Las condiciones por ella mencionadas eran que el
pueblo de Dios debía purificar el alma por la obediencia a la verdad, y
proclamar el mensaje del tercer ángel.
Mientras esa era la
primera vez que Elena G. de White hablaba de la demora de manera tan cabal,
ella repitió estas ideas muchas veces, con el pasar de los años. Dijo ella que
tan luego como el pueblo de Dios fuese sellado en sus testas, y estuviese así
preparado para el zarandeo, Cristo vendría (2). A veces ella comparó los
creyentes con los soldados que no habían cumplido su deber, o árboles que
deberían haber estado dando frutos. Si hubiesen sido fieles, ellos habrían
rapidamente sembrado el mundo con la semilla del evangelio; pero por no haber
cumplido su deber, la obra estaba mucho más acá de donde debería estar (3).
En 1892, Elena G. de
White escribió que los acontecimientos finales estaban ceñidos a la revelación
de la justicia de Cristo, que comenzó en 1888: "El tiempo de prueba está
exactamente delante de nosotros, pues el alto clamor del tercer ángel ya
comenzó en la revelación de la justicia de Cristo, el Redentor que perdona los
pecados. Este es el principio de la luz del ángel cuya gloria ha de llenar toda
la Tierra (4).
Muchos han concluido,
con base en esta declaración más reciente, que el tiempo del retorno de Cristo
depende de esta condición - la revelación de la justicia de Cristo. Esta
declaración, sin embargo, debe ser considerada en el contexto de todo el
artículo, y en conexión con todo lo que ella escribió sobre el alto clamor. En
1858, por ejemplo, ella escribió a respecto del alto clamor alcanzando los
pobres esclavos (5). En 1888 ella asoció el alto clamor con el mensaje del
segundo y del tercer ángel, dando realce especial al sábado (6). En 1909 ella
dijo que durante el alto clamor, el amor triunfaría sobre el preconcepto racial
(7).
Claro está, por lo
tanto, que la declaración de 1892 hace parte de un cuadro más amplio y no debe
ser tomada separadamente. Debemos acordarnos de que Elena G. de White escribió
como si todos los acontecimientos estuviesen comenzando o inmediatamente
impendientes. Ninguno puede ser usado para establecer fechas. En 1891 ella
predicó un sermón intitulado: "No os pertenece saber los tiempos o las
estaciones". En este sermón ella dijo: "No tengo ninguna fecha
específica con respecto a la ocasión en que deberá ocurrir el derramamiento del
Espíritu Santo, sobre el cual deba hablar - cuando el poderoso ángel descenderá
del Cielo y se unirá al tercer ángel al término de la obra de este mundo; mi
mensaje es que nuestra única salvaguardia consiste en estar preparados para el
refrigerio celestial, teniendo nuestras lámparas limpias y ardiendo" (8).
En Parábolas de Jesús, encontramos la declaración tantas veces citada:
"Cuando el carácter de Cristo esté perfectamente reproducido en Su pueblo,
entonces El vendrá para reclamarlo como Su propiedad".
"El verdadero
cristiano tiene el privilegio no solo de aguardar, sino de apresar la venida de
nuestro Señor Jesús Cristo (II Pedro 3:12). Estuviesen todos los que profesan
Su nombre produciendo frutos para Su gloria, ¡cuan rapidamente el mundo entero
sería sembrado con la semilla del evangelio! Rapidamente la última, gran
cosecha sería cosechada, y Cristo volvería para juntar el precioso grano"
(9).
A lo largo de líneas
semejantes, Elena G. de White dijo que si los jóvenes de la Iglesia fuesen un
ejército bien entrenado, el Señor vendría luego; y que cuando los miembros
hiciesen su trabajo dentro y fuera de casa, el mundo será luego advertido y el
Señor vendrá (10).
De esa forma, Elena G.
de White fue muy clara al decir que Jesús ha retardado Su venida y que, por
medio de vida santa y diligente testimonio podemos apresarla.
Implicaciones de la demora del advenimiento.-
Pero mientras se pasan
las décadas, se nos vienen a la mente las interrogaciones. Una vez que Dios
debe saber cuando Jesús vendrá, ¿cómo podemos hablar de demora? ¿Cómo podemos
armonizar Su soberanía - Su control del tiempo del advenimiento - con nuestra
libre voluntad, nuestra parte en apresar o retardar el Advenimiento? ¿Hasta
dónde permitirá El que impidamos el clímax de Sus planes?
Si Él está aguardando
que alcanzemos un nivel de santidad nunca antes verificado, ¿jamás alcanzaremos
ese pre-requisito? Y cuanto a predicar el evangelio a todo el mundo, ¿cómo
podemos hacer esto cuando hay personas muriendo - y otras naciendo? ¿Sólo el
adventista está predicando el evangelio aceptable?
Podemos oír muchas
respuestas a estas preguntas. Algunos focalizan el arrepentimiento y la
justicia por la fe, especialmente durante este aniversario de cien años de la
Asociación General de 1888. Otros realzan el comportamiento y normas; y otros
aun apuntan para la tarea a ser desempeñada en favor del mundo.
Cada reformador dice:
"¡Tengo la respuesta! ¡Sígame y el Señor vendrá!" Mientras sus
respuestas varían, todos parecen concordar en que la trasladación de los justos
es mayor que la resurrección de los justos, y que los adventistas deben, por lo
tanto, hacer algo que jamás hicieron antes. Algunos están en desespero porque
no ven los adventistas hacer esto. ¡La iglesia de Laodicea aun es la iglesia de
Laodicea! (11).
¿Qué diría Elena G. de
White cuanto a todo esto? ¿Procuraría destruir nuestra esperanza con sus
exhortaciones? ¿Establecería normas que el pueblo de Dios no pudiese alcanzar?
¿Responsabili- ría los creyentes fieles por la infidelidad de otros? ¿Tornaría
el retorno de Cristo dependiente de la santidad o del testimonio de Su pueblo?
La respuesta es que
hasta aquí hemos examinado apenas un lado de aquello que ella escribió sobre
esta cuestión, y así hemos obtenido un cuadro defectuoso. Elena G. de White
dijo que Cristo ha retardado Su venida, pero eso no comprende todo lo que ella
dijo. Consideremos el otro lado de su pensamiento.
¿Está fijado el tiempo del regreso de Jesús?
Al mismo tiempo en que Elena
G. de White escribía a veces sobre la demora, mencionaba aun más frecuentemente
la certeza y la proximidad de la venida de Jesús. En 1888 ella destacó que aun
cuando pareciese que Jesús estaba demorando, en verdad Él no lo estaba.
"No debemos impacientarnos. Si la visión tarda, esperémosla, pues
ciertamente ella vendrá, no tardará. Aun cuando podamos estar desilusionados,
nuestra fe no falló, y no nos hemos retirado para la perdición. La aparente
demora en la realidad no existe, pues en el tiempo indicado nuestro Señor
vendrá" (12).
Dios tiene el día y la
hora. Elena G. de White oyó hablar de ellos en su primera visión (13), aun
cuando el Señor no le permitiese revelarlo. La misma carta arriba citada,
explica: "No tengo el más leve conocimiento cuanto al tiempo anunciado por
la voz de Dios. Oí la hora ser proclamada pero no tenía ningún recuerdo de
aquella hora después que salí de la visión"(14).
En 1888 hubo una
tentativa de llevar el Congreso a aprobar una ley dominical nacional. Los
adventistas vieron esa tentativa como el cumplimiento de aquello que ellos
estuvieron proclamando por cuarenta años. La crisis final parecía estar a la
vista, pero la iglesia no estaba preparada - ni cuanto a la experiencia
personal de los miembros, ni con respecto a su obra en favor del mundo. Elena
G. de White apeló para que los adventistas orasen por una postergación, a fin
de que tuviesen tiempo para realizar la obra negligenciada. Ella creía que aun
no era el tiempo apropiado para que sus libertades fuesen restringidas (15). Lo
que ella escribió en este capítulo, lanza una luz diferente sobre las
declaraciones de 1883, las cuales sugieren que el fin no vendría mientras la
iglesia no hubiese terminado la obra. En 1889, los acontecimientos parecían
haber comenzado, aun cuando la Iglesia no hubiese hecho su obra.
Otra evidencia de un
tiempo fijado para la venida de Cristo es encontrada en la visión que tuvo Elena
G. de White, de la soberanía de Dios. Las grandes profecías de la Bíblia
muestran Su control sobre todas las cosas. "Como las estrellas en el vasto
circuito de su indicada órbita, los designios de Dios no conocen adelantamiento
ni tardanza" (16). Cuando el gran reloj de Dios indicó la hora apuntada en
Daniel 9:24-27, Jesús nació en Belén.
En la visión dada a
Ezequiel sobre la gloria de Dios, la Sra. White vio los símbolos del poder de
Dios sobre los gobernantes terrestres. La mano que estaba por debajo de las
alas del querubin mostraba que los acontecimientos humanos están sometidos al
control divino. Dios lleva adelante Sus intentos a través de los movimientos de
las naciones (17).
Dios es soberano
también en la Iglesia. Él asegura que la Iglesia será bien sucedida en su
misión al mundo. "La causa de la verdad presente... se destina a triunfar
gloriosamente" (18). En la última generación, la parábola del grano de
mostaza debe alcanzar "notable y triunfante cumplimiento", y el
mensaje de advertencia llegará a todo el mundo "para tomar de ellos un
pueblo para Su nombre" (19).
Las reformas que se
encuentran desestimuladas por causa de las condiciones de la Iglesia, pueden
cobrar aliento en decorrencia de la fe de Elena G. de White en el poder de
Dios: "Es el poder divino que da éxito. Aquellos a quien Dios emplea como
Sus mensajeros no deben sentir que la obra del Señor depende de ellos. Seres
finitos no son dejados a llevar este fardo de responsabilidad. Aquel que no dormita,
que está continuamente atento a Su obra para la realización de Sus designios,
promoverá Su trabajo" (20).
De ese modo, la
soberanía de Dios es nuestra seguridad. Si necesario, El terminará
personalmente Su obra. Pero si pensamos apenas
en Su soberanía, podemos sumergirnos en apatía pecaminosa. Si Dios tiene un
plano y no podemos ni apresarlo ni atrasarlo, ¿por qué, entonces, hacer
cualquier cosa? Así, seguir una u otra dirección de los pensamientos de Elena
G. de White por sí mismo presenta peligro.
Armonizando la demora con el apresuramiento.-
¿Cómo podía Elena G. de
White escribir sobre demora en 1883, pero decir en 1888 que "en verdad no
era así"? ¿Cómo podemos armonizar demora con apresuramiento?
Tenemos aquí dos
maneras de encarar el mismo acontecimiento. De nuestro punto de vista, ha
habido demora por el hecho de no haber hecho la obra que deberíamos haber
hecho. Del punto de vista de Dios, sin embargo, no hay ninguna demora. El no
confió Sus planos enteramente a nuestras manos. Él es soberano; está en el
control; tiene Su "tiempo indicado".
Elena G. de White
enseñó, ciertamente, que Cristo luego vendría. En 1888 ella escribió: "Los
ángeles de Dios en Sus mensajes a los hombres, presentan el tiempo como muy
breve. Así el me ha sido siempre presentado. Es verdad que el tiempo ha proseguido
más de lo que esperábamos en los primeros tiempos de este mensaje. Nuestro
Salvador no apareció tan de prisa como esperábamos. ¿Falló, sin embargo, la
palabra del Señor? ¡Nunca! Debemos acordarnos que las promesas y amenazas de
Dios son igualmente condicionales" (21).
Vemos aquí tanto el apresuramiento
como la demora. Vemos, sin embargo, alguna cosa más. En los párrafos
siguientes, la hermana White habla más cuanto a las condiciones a ser
enfrentadas, que a respecto del tiempo. Ella nunca si refiere al tiempo como
simple parte de la información. La demora
ocupa el segundo lugar en las exhortaciones. Ella habla del mensaje del tercer
ángel y de la reforma del sábado y después apela para que el pueblo de Dios purifique
sus almas por la obediencia a la verdad. Dice que es la incredulidad, el
mundanismo, la falta de consagración y la contienda entre el profeso pueblo del
Señor que nos ha mantenido en el mundo por tantos años (22).
Aquel que acredita en
la inminente venida de Cristo, lo demuestra por medio de vida santa y diligente
testimonio. El que juzga que Su venida está atrasada, lo revela por medio de
sus pecados. Es el mal siervo que dice en su corazón que el Señor tarda en
venir.
Cierta ocasión Elena G.
de White reprendió la esposa de un obrero: "Vi que, tiempos atrás, la
hermana J ... abrigó un espíritu de rebeldía, fue voluntariosa ... Vi que ella no mantenía la venida del Señor tan
cerca como debía, y que su mente, en lugar de estar en Rochester, debería estar
enteramente absorvida en la causa de Dios, y debería estar buscando oportunidad
para ayudar su esposo, sustentarle las manos y trabajar donde quiera que
hubiese una oportunidad" (23).
Cuando Elena G. de
White escribió sobre el "verdadero espíritu del advenimiento" y de la
mujer que "no mantenía la venida del Señor tan cerca como debía",
estaba hablando más acerca de la preparación que sobre el tiempo.
Un pueblo estará preparado cuando el Señor venga.
Sus máculas y defectos - orgullo, pasiones, indolencia, envidia, malas
sospechas y maledicencias - serán removidos de antemano (24). Estas
"máculas" motivaron todas las exhortaciones de Elena G. de White.
Ella insistía en que la obra de vencer el pecado debe ser llevada a efecto en
esta vida: ningún mal trazo de carácter será removido cuando Cristo venga (25).
Cuando nos volvemos
para el sentido de "apresuramiento" de los escritos de Elena G. de
White, observamos que también ahí la cuestión del tiempo ocupa el segundo lugar
en la exhortación. En verdad, ella complementa su declaración de que la incredulidad
y el pecado han retardado la venida de Cristo, con declaraciones de que debemos
vencer la incredulidad y el pecado porque Él luego vendrá. Quiera que pensemos en el apresuramiento o en la
demora, nuestra obligación es la misma: deberíamos "vivir y reaccionar
enteramente en conformidad con la venida del Hijo del hombre" (26).
Debemos estar tan poseídos del espíritu del advenimiento de Cristo que, estemos
fundando trabajo en el campo, construyendo una casa o predicando la Palabra, estemos
preparados por Él (27).
Aquellos que esperan
que Jesús venga luego, aguardarán, vigilarán, trabajarán y orarán. Esperar y
vigilar demuestra que somos extranjeros y peregrinos en la Tierra; mientras
otros buscan los tesoros y la vida terrenal, como si el tiempo fuese a demorar,
estamos procurando lo mejor, el país celestial (28). Trabajar significa
desenvolver nuestros talentos para Cristo y luchar en favor de las almas.
Esperando, vigilando, orando y trabajando, cultivamos la santidad del corazón
(29).
Mientras los
adventistas que se demoran pensando en los acontecimientos de los últimos días
confían firmemente en los escritos de la Sra. White, ella misma no traza ningún
mapa del futuro. Esos esbozos en general se basan en compilaciones de
citaciones, y siempre varían de acuerdo con el compilador. Ellos provocan
excitamiento; promueven la asistencia a las reuniones de oración - pero las
cosas pueden no ocurrir como fueron predicadas. Hay peligro en estar siempre
anunciando: "¡Lobo! ¡Lobo!" Elena G. de White no dice que deberíamos
vigilar las señales de los tiempos. Al contrario, nos aconsejó a vigilar las
mínimas insinuaciones no santificadas de nuestra naturaleza (30). Debemos
vigilar y orar como si cada día fuese nuestro último día; debemos ser sobrios,
pero "no acariciar tristezas y sombras" (31).
Cuanto a nuestro deber
de testimoniar, encontramos Elena G. de White exhortándonos a decirle a todos
los que encontremos, pues nuestro tiempo para trabajar luego pasará; disponemos
apenas de un corto espacio de tiempo para llevar adelante nuestra batalla (32).
En 1904 ella escribió que por el hecho que el Señor debería manifestarse muy en
breve para sacudir la Tierra, no hay tiempo para cosas triviales (33).
Repetidamente ella decía
que el fin estaba próximo, pero había una gran obra a ser hecha: ¡cuan
diligentemente debemos realizarla! Vigilancia y fidelidad siempre fueron
requeridas, pero en virtud de que el fin está próximo, Elena G. de White apela
para que dupliquemos la diligencia. "Tenemos ahora advertencias que
podemos dar, un trabajo que podemos hacer; luego, sin embargo, será más difícil
que lo que podemos imaginar" (34). (Cuan verdaderamente se ha cumplido
esta predicción de 1900 en este siglo!).
El abreviamiento de la venida de Cristo constituye también la
motivación básica de nuestras casas publicadoras, hospitales, escuelas,
fábricas de productos alimenticios y restaurantes. Las instituciones son
proyectos muy oscilantes, pero dan prestigio a la obra y ayudan a proclamar los
mensajes de los tres ángeles. Debemos trabajar hasta que el Señor nos convide a
"no hacer más ningún esfuerzo para construir casas de culto y
establecimientos escolares, hospitales e instituciones de publicaciones ...
"[Debemos] aumentar las facilidades, a fin de que pueda ser realizada una
gran obra en un corto espacio de tiempo" (35).
Debemos estar
constantemente en nuestra actividad hasta que el Señor diga que ella está
terminada. No estaremos listos para Su venida si no la hemos terminado. Elena
G. de White destaca más el hacer la obra y vivir a vida, que calcular el
tiempo. Solo Dios sabe cuando vendrá el fin, más importa que trabajemos y
vivamos siempre en la esperanza de que El está próximo. Preguntar
"¿Cuándo?" es hacer la pregunta errada; debemos antes preguntar cómo
estar preparado a cualquier momento que Él venga.
¿Y cuanto a la preparación para el tiempo del fin?
¿Alcanzará la Iglesia
algún Día el punto en que será "sin mácula, ni arruga, ni cosa
semejante", encontrándose preparada "para permanecer en pié a la
vista de un Dios santo sin un mediador"? (36). Esto parece significar
perfección sin pecado. ¿Cómo puede acontecer esto?
Elena G. de White nunca
afirmó ser perfecta por si misma. Poco antes de morir, ella dijo: "No digo
que soy perfecta, pero estoy procurando ser perfecta. No espero que los otros
sean perfectos; y si yo no pudiese asociarme a mis hermanos y hermanas que no
son perfectos, no se lo que yo haría.
"Procuro tratar el
asunto de la mejor manera posible, y estoy grata por tener un espíritu de
erguimiento y, no, de opresión ... Nadie es perfecto. Si alguien fuese
perfecto, estaría preparado para el Cielo. Una vez que no somos perfectos,
tenemos una obra a hacer a fin de estar preparados para ser perfectos. Tenemos
un poderoso Salvador ...
"Me alegro en
poseer esa fe que se apropia de las promesas de Dios, que opera por amor y santifica
el alma" (37).
"Tenemos un poderoso Salvador". Ese es el secreto de
estar preparado para Su venida. Él
es nuestra justicia, de la misma forma que fue la justicia de todos nuestros
padres que murieron en la fe.
La parte de Dios en
prepararme para la trasladación es perdonarme los pecados e imputarme la
justicia de Cristo, y después hacerme crecer "de gracia en gracia, de
fuerza en fuerza, de carácter en carácter" (38). Mi parte es creer en Su
promesa, confesar mis pecados, entregarme a El y servirlo. Cuando yo creo que
estoy limpio, Dios suple lo que falta - Cristo ata mis heridas y me purifica de
toda la impureza.
Estas bendiciones que
nos dan nuestro título y aptitud para el Cielo, son bellamente descritas en
Camino a Cristo, páginas 81 y 82. Elena G. de White dice ahí que debemos servir
a Cristo y creer en Sus promesas de perdón y purificación - "Así es si
creyeres". Su deseo es purificarnos del pecado, tornarnos Sus hijos y
capacitarnos a vivir vida santa. "Así, podemos pedir las bendiciones y
creer que las recibimos, y agradecer a Dios por haberlas recibido".
Podemos resumir las
exhortaciones de Elena G. de White comparándolas con alguien que realiza una
carrera. En el movimiento millerita de 1842-1844, ella era una corredora en una
carrera de cien metros. Ella empleó todo lo que tenía en el reavivamiento: su
dinero, sus esfuerzos, sus oraciones - todo.
Después de la
desilusión ella se encontró corriendo una maraton en lugar de una carrera
común. Sin embargo, conservó el celo, la fuerza y la dedicación de la carrera.
Ella nos exhorta a entregarnos en sacrificio, a dedicarnos al Señor como si
cada Día fuese el último, a amar a Cristo en vez de al mundo, a estar ciertos
de que nuestros pecados son confesados antes de ir para la cama cada noche y,
como los creyentes del Advenimiento hacían en 1844, a vivir en paz y armonía.
De todas las maneras nos pide ella que continuemos la carrera hasta el fin de
la maraton. La breve venida de Cristo siempre nos convida a la santidad y al
testimonio.
De esa forma, vivimos
en preparación para la venida de Cristo. Fue así que los apóstoles y, también,
los cristianos de todas las épocas vivieron. Mientras la breve venida de Cristo
empresta nueva urgencia a los deberes del cristiano, el medio de salvación no
es diferente en estos últimos días. Gracias a Dios, muchos alcanzaron el padrón
en Cristo y muchos lo están alcanzando hoy. ¡Que podamos estar entre estos!
Autor: Ralph Y.
Neal
Director del Departamento Religioso del
Union College, Lincoln, Nebraska
REFERENCIAS
1.- Manuscrito 4, 1883 (ver
1 ME: 59-73, especialmente las páginas 66-69. Todas las referencias de ese
artículo son de obras de Elena G. de White).
2.- Elena G. de White
Comentarios, 4 SDABC: 1.161
3.- Boletin de la
Asociación General, 22-02-1893, pág. 419
4.- Review and Herald,
22-11-1892; 1 ME: 363
5.- Primeros Escritos: 278
6.- El Gran Conflicto:
603-612
7.- 9 Testimonies: 209
8.-
Review and Herald, 29-03-1892, pág. 193; 7 SDABC: 984
9.- 9 Testimonies: 69
10.- Educación: 270. Hechos de los Apóstoles: 111
11.- La convicción de que los santos de los últimos dias deben
alcanzar un nivel más elevado de justicia que lo que alcanzaron sus
antepasados, no concuerda con la doctrina de la justificación por la fe.
Mientras debemos realmente guardar los mandamientos de Dios y la fe de Jesús,
no podremos hablar en niveles de justicia delante de Dios. Apenas una justicia
puede conquistarnos la entrada en el Cielo - la justicia de Cristo. Por más
justos que nos consideremos, aun seremos apenas siervos inútiles. "En mi
mano no tengo cosa alguna; a Tu cruz yo
apegarme vengo", debe ser para siempre nuestro cánto.
12.- Carta 38, 1888 (Manuscrito Liberado 816)
13.- Primeros Escritos: 15
14.- 1 ME: 75-76 (ver también Primeros Escritos: 34 y 285)
15.- 5 Testimonies: 714-718
16.- DTG: 31-32
17.- Profetas y Reyes: 535-537
18.- Boletin de la Asociación General, 29-05-1913, pág. 515
19.- Parábolas de Jesús: 79
20.- Profetas y Reyes: 171 (ver también DTG: 822)
21.- 1 ME: 67
22.- Idem: 68-69
23.- Manuscrito 3, 1867, pág. 1 (Manuscrito Liberado 816, realce
suplido).
24.- 5 Testimonies: 214-216; Review and Herald,
06-10-1896, pág. 629.
25.- Manuscrito 5, 1874 (Manuscrito Liberado 816)
26.- Carta K-66, 1901
27.- Carta B-25, 1902, pág. 5 (Manuscrito Liberado 816)
28.- 2 Testimonies: 194
29.- Review and Herald, 02-10-1900, pág. 625
30.- 5 Testimonies: 534
31.- Idem: 148
32.- Review and Herald, 25-10-1881, pág. 257
33.- 8 Testimonies: 36-37, 252
34.- 6 Testimonies: 22
35.- Idem: 440-441
36.- El Gran Conflicto: 425
37.- "Los últimos 153 Dias", Review and Herald,
23-07-1970, pág.3
38.- 1 ME: 350-400
Este artículo fue
publicado en la revista El Ministério Adventista, en la edición de Mayo/Junio
de 1988, en portugués.
EL MOVIMIENTO ADVENTISTA Y LA
JUSTIFICACION POR LA FE
INTRODUCCIÓN.-
"El movimiento
adventista nació con los ojos en Jesús"(1). Fue su amor por Él que hizo
los fundadores de este movimiento tan fervorosos en aguardar el inminente
retorno de Cristo cerca de 1844, y que los llevó a investigar a respecto de la
obra de Jesús en el santuario celestial (2). Sin embargo, aun en face de tales
énfasis, la experiencia personal con Cristo no era relegada a un plano
secundario.
Guillermo Miller (1782
- 1849), el "padre del movimiento adventista en América", después de
un período de estudio intensivo de la Bíblia, escribió en 1822 su credo o
Confesión de Fe. Cinco de sus veinte artículos enunciaban diferentes aspectos
relacionados a la justificación unicamente por la fe en los méritos del
sacrificio expiatorio de Cristo (3). Un nítido reflejo de su propia experiencia
es encontrado en la declaración "... en Jesús encontré un amigo" (4).
Ellen G. Harmon
(1827-1915), después White, en el verano de 1840, al oír un sermón basado en
Ester 4:16, comprendió el maravilloso tema de la justificación por la fe,
experimentando una genuina conversión (5). De acuerdo con sus propias palabras:
"Nunca podré olvidar esa seguridad preciosa de la compasiva ternura de
Jesús para con alguien tan indigno de Su atención" (6). Su preocupación
pasó entonces a ser la de tener "el carácter purificado del pecado por la
sangre expiatoria de nuestro Salvador" (7).
Esos ejemplos ilustran
la profunda experiencia con Cristo que marcó la fe adventista en sus comienzos,
pero que se fue perdiendo de vista en años subsecuentes.
REFERENCIAS
1.- C. Marvyn Maxwell, Historia del Adventismo: 243
2.- Victor Casale, História del Desarrollo de las Doctrinas
Adventistas: 76
3.- LeRoy Edwin Froom, The Prophetic Faith of
Our Fathers, Vol. 4, pág. 466 - 467
4.- William Miller, Apology and Defense: 5
5.- Ellen G. White, Vida y Enseñanzas: 17 - 20
6.- Idem: 19
7.- Idem: 47
ENFRENTANDO LA OPOSICIÓN.-
Inicialmente el
movimiento adventista no pasaba de un movimiento interdenominacional en torno
de la esperanza de la breve vuelta de Cristo. Pero a medida que iba creciendo,
gradualmente, la oposición a el también se intensificaba. A partir del verano
de 1843, ministros y miembros pasaron a ser expulsados de sus iglesias
simplemente "por creer y enseñar, testimoniar y cantar la esperanza
adventista" (1).
Después de la gran
desilusión de 22 de octubre de 1844, la situación se hizo aun más difícil,
especialmente para el pequeño grupo del cual se originaria la Iglesia
Adventista del Séptimo Día. Sus miembros eran ridicularizados, no apenas por no
haberse concretizado su esperanza en la inminente vuelta de Cristo, sino que
también por las nuevas verdades (2)
por ellos aceptas, que fueron cristalizadas y unificadas en los importantes
Congresos Sabáticos de 1848.
Recelosos de perder sus
miembros, muchos pastores de otras denominaciones pasaron a atacar severamente
algunas de esas verdades, especialmente la cuestión del sábado y de la ley. Sus
críticas eran mordaces, y exigían respuestas convincentes. Los ministros y
escritores adventistas eran constantemente llamados a participar de debates y a
responder a las acusaciones, y eso los forzó "a dedicar tiempo,
pensamiento y esfuerzo en relación con asuntos controvertidos" (3). Para
hacer frente a esos desafíos, tanto del púlpito como de la imprenta fluía gran
número de mensajes sobre la guarda de la ley, la observancia del sábado, los
conciertos, etc. Consecuentemente, las verdades fundamentales del evangelio
acabaron siendo relegadas a un plano secundario, y los predicadores adventistas
pasaron a ser acusados de legalistas.
Delante de tan
lamentable situación, Elena G. de White escribió, en 10 de diciembre de 1871,
un testimonio intitulado "El Efecto de las Discusiones" (4),
condenando incisivamente ese espíritu polemista. Ella advirtió que
"generalmente esas discusiones, ya sea orales, o escritas, resultan en más
mal que bien" (5). Y añadió: "Los que aprecian envolverse en
discusión generalmente pierden su espiritualidad" (6).
REFERENCIAS
1.- L. Y. Froom, The Prophetic Faith of Our
Fathers, Vol. 4, pág. 449
2.- R. W. Schwarz, Light Bearers to the
Remnant: 69. "Los congresos sabáticos trajeron
un consenso general entre los adventistas del séptimo día (que probablemente en
esa época totalizaron apenas algunas pocas centenas) en ocho puntos específicos:
1 - El inminente y personal segundo advenimiento pré-millenista
2 - El ministério de Cristo en dos fases en el santuário
celestial, cuya purificación inicial comenzó en 1844.
3 - El sábado del séptimo día
4 - La especial orientación sobrenatural de Dios a través de Elena
G. de White.
5 - El deber de proclamar todos los tres mensajes angélicos
6 - La inmortalidade condicional y la muerte como un sueño
inconciente.
7 - El tiempo en que ocurrirán las siete últimas plagas
8 - La extinción final y completa de los impíos después del
milenio.
Muchos detalles y
ramificaciones de estas doctrinas quedaron para ser elaboradas posteriormente,
pero los conceptos básicos ya habían sido establecidos hasta el fin de
1848".
3.- A. V. Olson, Thirteen Crisis Years: 1888 -
1901: 13
4.- Elena G. de White, 3 Testimonies for the
Church: 212 - 221
5.- Idem: 213
6.- Idem: 214
LA CRISIS ENTRE DOS PERIÓDICOS.-
Si investigamos los
primeros periódicos, libros y panfletos adventistas del séptimo Día,
observaremos, de acuerdo con Norval F. Pease, que durante las cuatro primeras
décadas del movimiento "la doctrina de la justificación a través de
Cristo, aun cuando importante y verdadera, era secundaria en relación a otras
cuestiones doctrinarias" (1).
En 1854 la revista
oficial de la iglesia, intitulada The Advent Review and Sabbath Herald (La
Revista del Advenimiento y Heraldo del Sábado), publicó, junto a las
informaciones editoriales, la relación de las "Principales Doctrinas
Enseñadas por la Review" (2). La relación apareció por la primera vez en
la edición del Día 15 de agosto, siendo republicada en todos los números
subsecuentes hasta el Día 19 de diciembre, en un total de 18 ediciones. Pero la
relación no incluye cualquier alusión a la justificación por la fe o a temas a
ella relacionados (3).
En 1877 Urías Smith y
James White publicaron un libro intitulado The
Biblical Institute (El Instituto Bíblico), con el propósito de cubrir toda
la teología adventista. Pero, a pesar de poseer 352 páginas, el libro no
contenía nada sobre justificación por la fe (4).
Entretanto, en ese
contexto surgió Joseph Harvey Waggoner (1820 - 1889), un ex-bautista que
aceptara el mensaje adventista en 1852. Siendo ya autor de algunos libros de
cuño doctrinario (5), en 1863 y 1864 publicó una serie de artículos sobre la
expiación, que fue después editada en la forma de libro, del cual fueron
impresas varias ediciones (6). Esa misma serie de 21 artículos fue republicada
en la revista The Signs of the Times
(Las Señales de los Tiempos), entre 25 de mayo y 26 de octubre de 1876, bajo el
título "La Expiación".
En 1881 J. H. Waggoner
se volvió el editor de la revista The
Signs of the Times, en substitución a James White que había fallecido, y
"decidió, como parte de su política editorial, publicar, si posible, en
cada número, un artículo sobre la gracia redentora de Cristo" (7). Como asistentes,
nombró posteriormente a su hijo médico Ellet J. Waggoner (1855 - 1916), que se
interesaba más por temas teológicos que
por la medicina, y a Alonzo T. Jones (1850 - 1923), un ex-sargento del ejército
americano que ingresara en el ministerio adventista.
Ambos asistentes
decidieron exaltar, en sus escritos, el tema de la justificación por la fe en
los méritos de Cristo; pero esta énfasis suscitó una creciente preocupación en
el seno de la Iglesia, pues muchos creían que somos justificados por la fe en
Cristo y más las obras de la ley. "Como resultado, un abismo se interpuso
entre la Review and Herald, revista
oficial de la Iglesia, y The Signs of the
Times, nuestra publicación misionera" (8). Mientras la Review and Herald, bajo la responsabilidad
de Urías Smith, defendía una posición legalista; la revista The Signs of the Times, bajo la
responsabilidad de J. H. Waggoner y sus dos asistentes, defendía la
justificación por la fe solamente.
La Review and Herald publicara, en el día 13 de abril de 1886, un
artículo intitulado "Las Dos Leyes",
en el cual O. A. Johnson, su autor, asumió la posición de que la ley en Gálatas
incluía la ley ceremonial. No mucho después, The Signs of the Times trajo una serie de nueve artículos (8 de julio a
2 de septiembre de 1886), a través de la cual E. J. Waggoner argumentaba que
Paulo, en la Epístola a los Gálatas, estaba discutiendo la ley moral (9).
En noviembre de ese mismo año, George I. Butler
(1834 - 1918), entonces presidente de la Asociación General, publicó por la Review and Herald Publishing House un
panfleto de 85 páginas intitulado The Law
in the Book of Galatians: Is It the Moral Law, or Does It Refer to that System
of Laws Peculiarly Jewish? (La Ley en el Libro de
Gálatas: Es la Ley Moral, o se refiere al Sistema de Leyes Peculiarmente
Judías?) (10). Ya en febrero del año siguiente, E. J. Waggoner había concluido
su respuesta a la obra anterior, a través de su tratado de 71 páginas
intitulado The Gospel in the Book of
Galatians (El Evangelio en el Libro de Gálatas) (11).
El clima era tenso, y
en el seno de la Iglesia dos grupos divergentes se polarizaban cada vez más.
Delante de la situación, Elena G. de White, que en esta ocasión aun se
encontraba en Europa, escribió una carta en 18 de febrero de 1887 a E. J.
Waggoner y A. T. Jones, advirtiéndolos contra la actitud de colocar en
evidencia las divergencias doctrinarias (12). En 5 de abril de 1887 ella
escribió otra carta a G. I. Butler y Urías Smith amonestándolos también sobre
la misma cuestión (13).
REFERENCIAS
1.- Norval F. Pease, By Faith Alone: 111
2.- La relación de las "Principales Doctrinas Enseñadas por
la Review" es la siguiente:
1 - La Bíblia, y la Bíblia solamente, la regla de fe y práctica
2 - La Ley de Dios, como es enseñada en el Antiguo Testamento,
inmutable.
3 - El Advenimiento personal de Cristo y la Resurrección de los
Justos, antes del Milenio.
4 - La Restauración de la Tierra a su Edénica Perfección y Gloria,
la Final Herencia de los Santos.
5 - Inmortalidad apenas a través de Cristo, a ser dada a los
Santos por ocasión de la Resurrección.
3.- N. F. Pease, Op. Cit.: 109
4.- Idem: 111
5.- Don F. Neufeld, Seventh Day Adventist
Encyclopedia: 1564
6.- N. F. Pease, Op. Cit.: 110
7.- Enoch de Oliveira, La Mano de Dios al Timón: 99
8.- Idem: 100
9.- A. V. Olson, Op. Cit.: 55-56
10.- Elena G. de White Estate, Manuscripts and
Memories of Minneapolis: 31-34.
11.- Idem: 51-65
12.- Elena G. de White Estate, The Elena G. de
White 1888 Materials, Vol. 1, pág. 21-31.
13.- Idem: 32-37
UN LLAMADO AL REAVIVAMIENTO.-
Aun cuando la doctrina
de la justificación por la fe no recibiese mucho énfasis hasta entonces, fue
realmente en la década de 1880 que la crisis se intensificó, asumiendo
proporciones sin precedentes. Menciones esporádicas al problema ya existían,
pero fue en esa época, en que la crisis se profundizaba cada vez más, que fue
sentida la urgente necesidad de un genuino reavivamiento.
En septiembre de 1880,
George C. Tenney (1847 - 1921) escribió un bello artículo en la Review and Herald bajo el título "Predicando a Cristo" (1). El tema
es introducido con las siguientes palabras:
Mientras presentamos al
pueblo los aspectos peculiares por los adventistas del séptimo Día, los
opositores están siempre levantando la indagación: "Por que ustedes no
predican a Cristo ?". Ciertamente Cristo es el gran personaje central de
cada doctrina bíblica, y una religión sin Cristo no es la religión de la
Bíblia. Nadie puede lanzar otro fundamento, fuera del que fue puesto, el cual
es Jesús Cristo. Por lo tanto, si las doctrinas que presentamos no exaltan a
Cristo, son dignas de censura y la objeción es pertinente (2).
Aun cuando Elena G. de
White ya hubiese apelado por más de 40 años (3) en favor de una experiencia más
profunda con Cristo, ella describe ese período afirmando que, "como un
pueblo, predicamos la ley hasta
volvernos tan áridos como los montes de Gilboa que no tenían ni rocío ni
lluvia" (4). Aun así, su voz continuaba sonando de forma cada vez más
clara e incisiva.
En 1886 ella advirtió: "La salvación no está en ser
bautizado, en tener nuestro nombre en el libro de la iglesia, ni en predicar la
verdad. Sino en una viva unión con Jesús Cristo para ser renovado el corazón
..." (5). Y en marzo de 1887 publicó un artículo en la Review and Herald, bajo el título "La Gran Necesidad de la Iglesia",
en el cual afirmaba que "un reavivamiento de la verdadera piedad entre
nosotros es la mayor y más urgente de todas las necesidades. Buscarlo debe ser
nuestra primera ocupación" (6).
La situación era
realmente crítica y necesitaba de una urgente solución. Tal solución solo
podría venir de un diálogo franco y abierto entre las diferentes facciones; y
la mejor oportunidad para eso sería la próxima asamblea de la Asociación
General, que se reuniría en Minneapolis, Minnesota.
Previendo las
divergencias que podrían surgir en la ocasión, Elena G. de White escribió una
carta de 9 páginas, en el Día 5 de agosto de 1888, destinada a todos los que
participarían de la asamblea. Sus primeras palabras ya reflejan el contenido de
la carta. Ella dice: Estimados hermanos que participarán de la Conferencia
General: Tenemos la impresión que esa asamblea será la más importante reunión
de la cual ya participasteis. Ese debería ser un período dedicado a buscar
sinceramente al Señor, y humillar nuestro corazón delante de El. Tengo la
esperanza que considerareis esa como la más preciosa oportunidad para orar y
juntos os aconsejar; y, si la orden del apóstol de considerar los otros
superiores a nosotros mismos fuese cuidadosamente obedecida, entonces podréis,
en humildad de mente, con el espíritu de Cristo, investigar detenidamente las
Escrituras para ver cual es la verdad. La verdad nada puede perder por una
exhaustiva investigación. Permitid que la Palabra de Dios hable por si misma;
permitid que ella sea su propia intérprete, y la verdad brillará como preciosas
gemas en medio a deshechos (7).
REFERENCIAS
1.- George C. Tenney, "Preaching
Christ": 200-201
2.- El artículo en su totalidad fue republicado en: A. V. Olson,
Op. Cit.:19-20.
3.- Elena G. de White, Manuscrito 5, 1889: 9-10. Citado en A. V.
Olson, Op. Cit.: 53.
4.- Elena G. de White, "Christ Prayed for
Unity Among His Disciples", Review and Herald, 11 de marzo de 1890: 146.
5.- Elena G. de White, Evangelismo: 318
6.- Elena G. de White, "The Church's Great
Need", Review and Herald, 22 de marzo de 1887: 177. Este artículo fue republicado en la íntegra en: Elena G. de White,
1 Mensajes Escogidas: 121-127.
7.- Elena G. de White Estate, The Elena G. de
White 1888 Materials: 38-46.
LA ASAMBLEA DE MINNEAPOLIS (1888).-
La 27º Asamblea Anual
de la Asociación General fue realizada en el nuevo templo de Minneapolis,
Minnesota, entre los días 17 de octubre y 4 de noviembre de 1888. En ella
participaron 96 delegados (1), que representaban los 26.968 miembros (2) de la
Iglesia en ámbito mundial. Como el presidente de la Asociación General, George
I. Butler, no pudo estar presente por problemas de salud, Stephen N. Haskell
(1833 - 1922) (3) presidió los trabajos (4). Aun así, G. I. Butler enviara
"cartas y telegramas a todos los amigos delegados, instándolos a rechazar
las 'nuevas ideas'. "Permaneced firmes al lado de los marcos antiguos',
repetía en cada carta" (5).
La asamblea fue
precedida por un concilio ministerial (instituto bíblico) que se inició en el
Día 10 de octubre. Los tópicos que estaban en la agenda para ser discutidos
eran los siguientes:
1 - Un concepto histórico de los diez reinos
2 - La divinidad de Cristo
3 - La cura de la herida mortal
4 - La justificación por la fe
5 - Cuan lejos debemos ir en el uso de la sabiduría de la
serpiente
6 - La predestinación
Por lo tanto, la
justificación por la fe era apenas uno de los varios temas a ser tratados (6).
Pero el espíritu radical y polémico no había desaparecido, y, en un estudio
sobre el capítulo 7 de Daniel, contrariando la opinión defendida por A. T.
Jones, Urías Smith afirmó que los hunos representaban uno de los diez reinos,
simbolizados por las diez puntas del "animal terrible y espantoso".
Jones rechazó con energía las conclusiones de Smith, insistiendo que una
correcta exégesis excluiría los hunos y en su lugar pondría los alamanos. Smith
declaró con modestia que su interpretación no era original, pues se estribaba
en la opinión de varios eruditos. Delante de esta afirmación, Jones, con
aspereza y cortante ironía, declaró: "El pastor Smith confesó que nada
sabe sobre el asunto. Sin embargo, yo conozco el tema, y no quiero que me hagan
responsable por las cosas que el desconoce" (7).
Eso hizo con que los
grupos antagónicos se distanciasen aun más. Elena G. de White reprendió a Jones
por haberse expresado tan asperamente, y apeló a los delegados a fin de ser más
tolerantes y cordiales; sin embargo sus palabras no surtieron el efecto
deseado. De allí para frente los grupos antagónicos pasaron a identificarse
como hunos y alamanos.
Durante las reuniones
de la Asamblea, que se inició en el Día 17, después del instituto bíblico que
durara una semana, fue solicitado que el Dr. E. J. Waggoner presentase su serie
de estudios sobre la justificación por la fe - once al todo. Los primeros seis
eran a respecto de la relación entre gracia y ley, y fe y obras, basados
especialmente en Gálatas. Los últimos cinco eran sobre la justificación por la
fe en Cristo como "toda la plenitud de la divinidad" ...
Intensificándose la obstinación, algunos de los ministros más antiguos se
opusieron a la continuación de las presentaciones. Pidiendo reconocimiento, R.
M. Kilgone, entonces de la Asociación General, declaró que, siendo que el
pastor Butler había sido detenido por la dolencia en Battle Creek, él sugería
que la discusión sobre el asunto de la justificación por la fe fuese suspensa
hasta que Butler, el presidente, pudiese estar presente (8).
Sin embargo la Sra.
White, que estaba sentada en la plataforma, se levantó y declaró:
"Hermanos, esta es la obra del Señor. Desea el Señor que Su obra espere
por el pastor Butler? El Señor desea que Su obra avance y no espere por ningún
hombre". No hubo réplica, y Waggoner prosiguió con sus estudios. Era
evidente que Elena G. de White estaba al lado de Waggoner en el mensaje que el
estaba presentando para la asamblea. Frecuentemente ella decía
"Amén". Ella no se posicionó sobre la cuestión de la ley en Gálatas,
pero endosaba enfaticamente la justificación por la fe a través de los méritos
todo-suficientes de Cristo en toda Su plenitud. Algunos quedaron muy
perturbados, hayando que ella estaba siendo influenciada injustamente por
Waggoner (9).
Fue entonces combinado que J. H. Morrison, presidente de la
Asociación de Iowa, respondería la presentación de Waggoner. En esa ocasión él
afirmó que los adventistas siempre habían creído y enseñado la justificación
por la fe, y que la presentación de Waggoner sobre el asunto podría eliminar la
centralidad de la ley en nuestras enseñanzas. Waggoner y Jones deberían dar una
respuesta a la presentación de Morrison, y lo hicieron leyendo alternadamente,
de las Escrituras, ocho textos claves cada uno (16 textos en total), sin
comentarlos. Los pasajes fueron:
E. J. Waggoner
|
A. T. Jones
|
Jer. 23:5-7
|
Efe. 2:4-8
|
Gal. 2:16-21
|
Rom. 11:1-33
|
Rom. 1:14-17
|
Rom. 2:13-29
|
Gal. 3
|
Rom. 3
|
Gal. 5:16
|
Rom. 9:7-33
|
Gal. 2
|
Rom. 4:1-11
|
Rom. 5
|
Rom. 1:15-17
|
Rom. 8:14-39
|
I Juan 5:1-4
|
Durante la lectura hubo
un profundo silencio entre los delegados, y muchos aceptaron el mensaje de la
justificación por la fe (10).
Durante las reuniones
en Minneapolis, Elena G. de White participó activamente, no apenas endosando
los mensajes sobre la justificación por la fe presentadas por Waggoner y Jones,
como también a través de sus própios mensajes devocionales y sermones (11),
presentados durante el instituto bíblico y la asamblea general.
Sin duda, la Asamblea
General de 1888, en Minneapolis, causó un fuerte impacto sobre sus
participantes, que en el final de la sesión estaban divididos en tres grupos:
1 - Aquellos que alegremente aceptaron el mensaje
2 - Aquellos que se opusieron a ella
3 - Aquellos que ni la aceptaron y ni la rechazaron, prefiriendo
permanecer neutros o indecisos (12).
Comentando posteriormente
el lamentable espíritu de contienda y oposición que prevaleció en Minneapolis, Elena
G. de White confesó: "Mi testimonio fue ignorado, y nunca en la
experiencia de mi vida fui tratada como en aquella conferencia... (13). Ella
llegó a declarar su intención de dejar las reuniones, y solo no lo hizo por el
sentido de responsabilidad para con la obra y el mensaje que Dios le confiara
(14). Y ella agrega: "Fui instruída de que la terrible experiencia en la
Conferencia de Minneapolis es uno de los capítulos más sombríos en la historia
de los creyentes en la verdad presente" (15). Esa fue "'la más severa
y más incomprensible contienda que ya hubo entre nuestro pueblo', y Ellen
temblaba 'al pensar en lo que podría haber sido' si ella no estuviese
allá" (16).
REFERENCIAS
1.- Aun cuando autores más antiguos presenten pequeñas variaciones
cuanto al número de delegados que estuvieron presentes, una reciente
compilación del Daily Bulletin y de
la Review and Herald ha comprobado
que su número fue de 96 delegados. Vea la relación de nombres, y su respectiva
procedencia, en: Elena G. de White Estate, Manuscripts and Memories of Minneapolis:
9-10; también publicada en la revista Ministry (febrero de 1988): 28.
2.- A. V. Olson, Op. Cit.: 36
3.- Seventh Day Adventist Encyclopedia: 561. Stephen N. Haskell
poseía una vasta experiencia evangelística y administrativa. El había sido
presidente de la Asociación de Nueva Inglaterra (1870 - 1876 y 1877 - 1887), de
la Asociación de California (1879 - 1887) y de la Asociación de Maine (1884 -
1886). En ese entretiempo también liderara un grupo que partiera en 1885 para
restablecer oficialmente la obra en
Austrália; siendo que por su predicación fue formado el primer grupo de
adventistas en Nueva Zelandia. En 1887, con tres instructores bíblicos, inició
la obra adventista en Londres, Inglaterra, organizando allí la primera iglesia.
4.- A. V. Olsen, Op. Cit.: 37
5.- E. de Oliveira, Op. Cit.: 103
6.- N. F. Pease, Op. Cit.: 128
7.- E. de Oliveira, Op. Cit.: 102
8.- LeRoy Edwin Froom, Movement of Destiny:
245-246
9.- Idem: 246
10.- Idem: 246- 247
11.- Diez sermones predicados por Elena G. de White en Minneapolis
se encuentran publicados en: A. V. Olsen, Op. Cit.: 248-311.
12.- Idem: 41-42
13.- Elena G. de White, Carta 7, 1888: 2,
publicada en: 1 The Elena G. de White 1888 Materials: 187.
14.- Elena G. de White, Carta 14, 1889: 6,
publicada en 1 The Elena G. de White 1888 Materials: 312.
15.- Elena G. de White, Carta 179, 1902:
10, publicado en 4 The Elena G. de White 1888 Materials: 1796.
16.- R. W. Schwarz. Light Bearers to the
Remnant: 190
LOS AÑOS SUBSIGUIENTES (1888 - 1901).-
Aun cuando la Asamblea
de Minneapolis se había caracterizado en gran parte por "un conflicto de
personalidades" (1), que ya venia siendo alimentado anteriormente, la
crisis acabó siendo finalmente superada, y el frío legalismo dio lugar a una
nueva y viva énfasis en la justificación por la fe en los méritos de Cristo.
Después la referida
asamblea, Elena G. de White viajó con A. T. Jones y E. J. Waggoner diseminando,
desde la costa del Atlántico a la costa del Pacífico, el glorioso mensaje de la
justificación por la fe. Ellos lo presentaban en reuniones campales, concilios
de obreros, institutos y escuelas básicas y otras reuniones de la Iglesia (2).
En decorrencia, un gran
reavivamiento comenzó a surgir, y muchos de los que se habían opuesto
anteriormente confesaron su error, y afirmaban su fe en este mensaje. Entre
ellos estaban: George I. Butler, Urías Smith, C. W. Olds, D. T. Fero, J. W.
Watt, R. C. Porter, Matthew Larson, W.W. Prescott, G.G. Rupert, I. D. Van Horn,
LeRoy Nicola, J. H. Morrison, R. A. Underwood, D. T. Jones, R. M. Kilgore y
otros (3).
Los efectos positivos
de ese progresivo reavivamiento ya podían ser sentidos un año después, por
ocasión de la Asamblea General de 1889, en Battle Creek, Michigan, del 18 de
octubre al 5 de noviembre. Comentando a respecto de esa asamblea, Elena G. de
White dice: "Hemos tenido reuniones excelentes. El espíritu que prevaleció
en la reunión de Minneapolis no está aquí.
Todo se hace en armonía. ... Tenemos un banquete de alimentos
ricos, y cuando vemos almas aprender la verdad, nos regocijamos, mirando para
Jesús, autor y consumador de nuestra fe" (4).
En ese período apareció
un número significativo de artículos y tratados abordando la justificación por
la fe. Durante el año de 1889 la Review
and Herald trajo referencias esporádicas y poco definidas sobre el asunto,
excepto a las frecuentes alusiones en los artículos de Elena G. de White. Sin
embargo, en The Signs of the Times,
cuyo editor en esa época era el Dr. E. J. Waggoner, el asunto fue abordado de
forma más definida, a través de una serie de artículos del própio editor y de
M. C. Wilcox, que en 1891 se volvería su editor (5). Aun en 1889 J. H.
Waggoner, el padre de E. J. Waggoner, escribió un tratado intitulado
Justification by Faith (Justificación por la Fe) (6).
En el año siguiente
(1890) apareció una abundancia de artículos sobre el asunto en The Signs of the Times, la mayoría de
los cuales fue escrita por E. J. Waggoner (7). El tema fue también abordado
especificamente a través de una lección de la Escuela Sabática (8) y de un
número considerable de tratados y panfletos (9), de entre los cuales, merece
destaque especial el libro de 96 páginas escrito por E. J. Waggoner bajo el
título Christ and His Righteousness (Cristo y Su Justicia) (10). Aun cuando el
libro presente ciertos problemas cristológicos (11), fue sin duda, una de las
mayores contribuciones para la comprensión detallada de la doctrina de la justificación
por la fe.
Por su vez, Elena G. de
White escribió abundantemente sobre el asunto, no cansándose de enaltecer
"los incomparables encantos de Cristo" (12) y de advertir de los
riesgos de perder de vista esa preciosa verdad. Ella declaró que "nuestras
iglesias están pereciendo por falta de enseñanza sobre el asunto de la justicia
por la fe en Cristo, y verdades semejantes" (13). Y acrecentó: "El
primer y más importante aspecto es enternecer y ablandar el alma por la
presentación de nuestro Señor Jesús Cristo como el Salvador que perdona
pecados. Jamás un sermón debería ser predicado o ser dado un estudio bíblico de
cualquier especie, sin encaminar los oyentes al "Cordero de Dios, que
quita el pecado del mundo". Juan 1:29. Toda verdadera doctrina tiene a
Cristo como centro; y todo precepto recibe fuerza de Sus palabras (14).
Y, en "Un Solemne
Apelo a Ministros" (15), ella afirmó: "No oséis predicar otro sermón
mientras no supieres, por vuestra propia experiencia, lo que Cristo es para
vosotros" (16).
Aun cuando esas y otras contribuciones tuviesen un importante
significado, de acuerdo con Norval F. Pease: La mayor contribución de la década
de 1890 para el pensamiento denominacional sobre la justificación por la fe no
fueron los sermones y artículos de Jones, Waggoner y aun de la Sra. White.
Estos tuvieron un tremendo efecto inmediato, pero luego se extraviaron en los
archivos. Los libros Patriarcas y
Profetas, Camino a Cristo, El Deseado de Todas las Gentes, El Mayor Discurso de
Cristo y Palabras de Vida del Gran Maestro, más que cualquier otro factor,
preservaron en la denominación el énfasis espiritual del movimiento de
reavivamiento de aquella década (17).
En 1900 E. J. Waggoner
aun publicó un comentario sobre la Epístola a los Gálatas, intitulado The Glad Tidings: Studies in Galatians (Las
Buenas Nuevas: Estudios en Gálatas) (18), que representó otra relevante
contribución para el estudio de la justificación por la fe.
Aun cuando los pastores
A. T. Jones (19) y E. J. Waggoner abandonasen posteriormente la fe (20),
"en Su gran misericordia, envió el Señor precioso mensaje a Su pueblo por
intermedio de ellos" (21). Y en 1892 la Sra. White advirtió: "Es posible
que los pastores Jones y Waggoner sean vencidos por las tentaciones del
enemigo; pero, si eso ocurriese, no probaría que ellos no tuvieron cualquier
mensaje de Dios, o que la obra que realizaron fue totalmente un engaño (22).
En realidad, la presentación del mensaje de la justificación por
la fe en la Asamblea General de Minneapolis (1888) y su posterior propagación,
especialmente a través de E. J. Waggoner, A. T. Jones y Elena G. de White,
marcó el inicio de un nuevO énfasis en la Iglesia Adventista del Séptimo Día.
REFERENCIAS
1.- E. de Oliveira, Op. Cit.: 103
2.- Un ejemplo de eso es la serie de 24 sermones que A. T. Jones
predicó en la Asamblea de la Asociación General de 1893 sobre el tema
"Cristo Justicia Nuestra". E. de Oliveira, Op. Cit.: 201.
3.- A. V. Olson. Op. Cit.: 87-119
4.- Elena G. de White, 1 Mensajes Escogidas: 361-362
5.- N. F. Pease, Op. Cit.:
151
6.- Idem
7.- Idem: 152
8.- Idem
9.- Idem
10.- E. J. Waggoner, Christ and His
Righteousness. El libro fue traducido para el
Portugues y publicado bajo el título Liberados
para Siempre (Itaquaquecetuba, SP: Editora Misionera "La Verdad
Presente".
11.- Los problemas dicen respecto especialmente a la tendencia
ariana de asumir la posición de que Cristo haya sido generado "en las
remotas eras de la eternidad". Para una discusión más detallada sobre el
asunto, ver: L. Y. Froom. Movement
of Destiny: 291-296.
12.- Elena G. de White, Carta 5, 1889,
citada en: A. V. Olson, Op. Cit.:
53.
13.- Elena G. de White, Obreros
Evangélicos: 301
14.- Elena G. de White, 6 Testimonies for the
Church: 53-54
15.- Elena G. de White, Testimonios para Ministros y Obreros
Evangélicos: 142-158.
16.- Idem: 155
17.- N. F. Pease, Op. Cit.: 164
18.- E. J. Waggoner, The Glad Tidings: Studies
in Galatians
19.- Para un estudio más profundo de la vida de
A. T. Jones ver: George R. Knight, From 1888 to Apostasy: The Case of A. T.
Jones; Review and Herald Publishing Association, 1987.
20.- Una discusión más detenida sobre la apostasía de E. J.
Waggoner y A. T. Jones es presentada en: E. de Oliveira, Op. Cit.: 194-206.
21.- Elena G. de White, Testimonios para Ministros y Obreros
Evangélicos: 91.
22.- Elena G. de White, carta 24, 1892: 5-6. Publicada en: The Elena
G. de White 1888 Materials, Vol. 3, pág. 1044-1045.
El DESENVOLVIMIENTO POSTERIOR (1901 - 1950).-
Aun cuando no faltase
literatura sobre el asunto, durante las dos primeras décadas de este siglo hubo
un nuevo declinio en la énfasis sobre la justificación por la fe, que fue
superado en la década de 1920 (1).
En 1920 William W.
Prescott (1855 - 1944) publicó un libro de 304 páginas intitulado The Doctrine of Christ (La Doctrina de
Cristo) (2), para ser usado como libro-texto en colegios y seminarios. Su
propósito es esclarecido en su introducción: "El objetivo de estas
lecciones es presentar las doctrinas esenciales del evangelio eterno en su
relación directa con la persona de Cristo, a fin de que el estudiante pueda ver y aceptar la
verdad como ella es en Jesús" (3).
L. E. Froom cree que
este libro "constituye un puente, una importante conexión, entre lo que
ocurriera y lo que ocurriría. Era el mensaje de 1888 reapresentado en forma de
libro-texto" (4).
Preocupado con el hecho de que muchos aun no poseían una genuina
experiencia con Cristo, el pastor Arthur G. Daniells (1858 - 1935), que por más
de 20 años fuera presidente de la Asociación General, predicó sobre el tema en
la Asamblea de la Asociación General de 1922 (5). Su mensaje era fundamentado
en la Bíblia y en el Espíritu de Profecía (6), y él continuó enfatizándolo en
los años siguientes. En 1926 fue publicado su libro Christ Our Righteousness (editado en Portugues bajo el título
Cristo Nuestra Justicia (7)), que provocó un profundo reavivamiento en la
iglesia y "un incalculable impacto sobre toda la discusión
subsecuente" (8) del asunto. N. F. Pease afirma:
"Es difícil de
imaginar como podría haber sido dada mayor énfasis a la doctrina de la
justificación por la fe. El pastor Daniells era uno de los hombres más
influentes y respetados de la iglesia. Sus escritos eran solidamente basados en
la Bíblia y en los escritos de la Sra. White" (9).
Y E. L. Moore añade que el libro, siendo la primera tentativa
retrospectiva de definir la doctrina y la historia del mensaje de 1888,
identifica la justificación por la fe con el tercer mensaje angélico, cuya
aceptación habría resultado en el alto clamor (10).
Fuera de las contribuciones
de W. W. Prescott y de A. G. Daniells, la doctrina de la justificación por la
fe fue enfatizada en el medio adventista a través de innúmeros artículos,
varias lecciones de la Escuela Sabática (11) y otros libros más. Bruno W.
Steinweg analiza detenidamente la cuestión en su tesis de master sobre el tema Developments in the Teaching of Justification
and Rightteousness by Faith in the Seventh-day Adventist Church After 1900
(Desenvolvimiento en la Enseñanza de la Justificación y de la Justicia por la
Fe en la Iglesia Adventista del Séptimo Día después de 1900), que fue
presentada en el Seminario Teológico Adventista del Séptimo Día en 1948 (12).
En realidad, la
importancia que la doctrina de la justificación por la fe asumiera en relación
con el mensaje adventista puede ser muy bien evaluada a través de declaraciones
encontradas en el libro Seventh-day
Adventist Answer Questions on Doctrine, publicado en 1957: "El corazón
del mensaje del advenimiento es Cristo y Este crucificado. Podemos afirmar con
pura sinceridad que los adventistas del séptimo Día sustentan que el
cristianismo no es meramente un asentimiento intelectual a un cuerpo de
doctrinas, ni una cuestión de verdad o ortodoxia. Nosotros creemos que el
cristianismo es una real experiencia con Cristo. Cristianismo es el relación
con una Persona - nuestro bendito
Señor y Salvador Jesús Cristo. Es posible conocerse mil cosas sobre Cristo, y
todavía jamás haberlo conocido (13).
REFERENCIAS
1.- Arthur Leroy Moore, Theology in Crisis or Elena
G. de White's Concept of Righteousness by Faith las it Relates to Contemporary
SDA Issues: 2-3.
2.- W. W. Prescott, The Doctrine Of Christ,
Review and Herald
3.- Idem: 3
4.- L. E. Froom, Movement of Destiny: 391
5.- V. Casali, Op. Cit.: 99
6.- N. F. Pease, Op. Cit.:
189
7.- Arthur G. Daniells, Cristo Nuestra
Justicia, CPB
8.- A. L. Moore, Op. Cit.: 12
9.- N. F. Pease, Op. Cit.: 189
10.- A. L. Moore, Op. Cit.: 11
11.- Ver la relación de lecciones de la Escuela Sabática que
abordaron temas relacionados con la doctrina de la salvación, entre los años de
1921 a 1959, en: N. F. Pease, Op. Cit.: 218-220.
12.- Tesis no publicada, Cf. A. L. Moore, Op. Cit.: 3 nota de
margen.
13.- Seventh-day Adventist Answer Questions on
Doctrine: 101, grifos originales.
REEXAMINANDO LA CUESTIÓN DE 1888.-
En el inicio de 1950,
Robert J. Wieland y Donald K. Short, ministros adventistas que servían como
misioneros en Africa, se dirigieron a los escritorios de la Asociación General,
cuestionando la posición de la iglesia por ocasión de la Asamblea General de
Minneapolis en 1888. Ambos fueron convidados a presentar sus ideas delante de
una comisión de líderes de la Iglesia, que, después de oírlos por varias horas,
les solicitó que escribiesen esas ideas de modo a facilitar su estudio y análisis
(1).
La declaración escrita
fue presentada bajo la forma de un documento de 204 páginas intitulado 1888 Re-examined (1888 Reexaminado),
cuya esencia puede ser sintetizada de tres presuposiciones básicas:
1 - La iglesia cometió un pecado por ocasión de la sesión de la
Conferencia General de 1888 en rechazar el mensaje de la justificación por la
fe.
2 - La iglesia jamás se arrepintió de ese pecado
3 - Por que la iglesia es una entidad corporativa, la iglesia hoy
no recibirá la Lluvia Tardía hasta que entre en un arrepentimiento corporativo
por la rebelión manifestada en Minneapolis (2).
El documento fue leído
cuidadosamente y con espíritu de oración por los miembros de la comisión, lo
que los llevó a la opinión de que las conclusiones de Wieland y Short fueron
extraídas "de fuentes inadecuadas de información, lo que resultó en
numerosas imprecisiones" (3). Aun así el documento fue encaminado a la
Comisión de Defensa Literaria, para un análisis más profundo de la cuestión.
Después de cuidadoso estudio del documento, la comisión emitió su parecer, en
diciembre de 1951, en forma de carta a los pastores Wieland y Short, que habían
retornado a su campo de trabajo. El parecer afirmaba, entre otras cosas, que la
solución propuesta de un arrepentimiento denominacional "no es posible y
ni una tentativa en ese sentido tendría valor"; pues "la experiencia
de la iglesia es una experiencia colectiva de sus miembros y líderes, y, por consiguiente,
la justicia con Dios es una cuestión de relacións personales en el tiempo presente"
(4).
Wieland y Short
mimeografiaron apenas 17 copias de su estudio de 204 páginas, destinándolas
apenas al análisis del liderazgo. Pero alguien distribuyó una copia con otro, y
luego personas aquí, allí y en toda parte dactilografiaron copias completas
para si mismos y para sus amigos. Con el tiempo, primero un impresor y entonces
otro distribuyeron copias a los millares (5).
En face de las
discusiones suscitadas por la circulación del estudio de Wieland y Short, la
Asociación General preparó en 1958 un documento respondiendo la cuestión,
intitulado Further Appraisal of the
Manuscript "1888 Re-examined" (Evaluación Adicional del
Manuscrito "1888 Reexaminado) (6). Pero la respuesta no se limitó apenas a
ese documento de cuño oficial.
En 1962 Norval F. Pease
publicó su libro By Faith Alone (Por
Fe Solamente) (7), en que es analizada, bajo una perspectiva histórica,
"La Interpretación Adventista del Séptimo Día de la Doctrina de la
Justificación por la Fe" (8).
En 1966 fue publicada
una obra póstuma de Albert Victor Olson (1844 - 1963) intitulada Through Crisis to Victory: 1888 - 1901
(De la Crisis para la Victoria: 1888 - 1901) (9), en la cual es descrito el
arrepentimiento personal de un número considerable de líderes que por ocasión
de la Asamblea de Minneapolis se mostraron hostiles al mensaje de la
justificación por la fe (10).
Finalmente, en 1971 LeRoy Edwin Froom (1890 - 1974) publicó su
obra de 700 páginas, bajo el título Movement of Destiny (Movimiento de Destino)
(11), que G. F. Paxton denomina de "un peso-pesado teológico para fijar la
cuestión de 1888 en definitivo" (12).
Aun cuando la
Conferencia de Minneapolis haya representado "uno de los capítulos más
sombríos en la historia de los creyentes en la verdad presente" (13), es
evidente que la alegación en favor de un arrepentimiento corporativo de la
Iglesia hoy no procede, especialmente por las siguientes razones:
1 - La oposición a la doctrina de la justificación por la fe no
fue totalmente generalizada
2 - "Ninguna decisión fue tomada por voto de los delegados en
aceptarla o rechazarla" (14)
3 - "Su aceptación o rechazo por las personas que estuvieron
presentes a la sesión fue una cuestión individual" (15)
4 - No podemos hoy ser responsabilizados por las actitudes de
líderes del pasado, muchos de los cuales se arrepintieron posteriormente (16);
pues, según el concepto bíblico, "el hijo no llevará la iniquidad del
padre, ni el padre la iniquidad del hijo" (Eze. 18:20).
REFERENCIAS
1.- General Conference, Further Appraisal of
the Manuscript "1888 Re-examined": 1
2.- George E. Rice, "Corporate
Repentance", Ministry (febrero de 1988): 34
3.- General Conference, Op. Cit.: 1
4.- Idem: 3
5.- C. Mervyn Maxell, en "Biblio
File", Ministry (febrero de 1988): 63
6.- Este documento se encuentra en los archivos del Centro de
Pesquisas Elena G. de White, en el Instituto Adventista de Enseñanza, São
Paulo, clasificado bajo el número-código DF 189-d.
7.- Las referencias bibliográficas de la obra se encuentran en la
referencia Nº 1, del capítulo "La Crisis Entre Dos Periódicos".
8.- N. F. Pease, Op. Cit.: 105-224
9.- Esta obra fue revisada y publicada a partir de 1981 bajo el
título Thirteen Crisis Years: 1888 - 1901,
cuyas informaciones bibliográficas se encuentran en la referencia Nº 10.
10.- A. V. Olson, Op. Cit.: 87-119
11.- Las informaciones bibliográficas de la obra se encuentran en
la referencia Nº 8, del capítulo "La Asamblea de Minneapolis (1888)".
12.- Geoffrey J. Paxton, El Abalo del Adventismo: 23
13.- Cf. la referencia Nº 15, del capítulo "La Asamblea de
Minneapolis (1888)".
14.- A. V. Olson, Op. Cit.: 40
15.- Idem
16.- Idem: 87-119
DISCUSIONES SOBRE LA NATURALEZA DE LA
JUSTIFICACIÓN.-
En 1959 Robert D.
Brinsmead (1), un ex-reformista que estudiaba teología en el Colegio Adventista
de Avondale, en Australia, distribuyó copias mimeografiadas de un trabajo de su
autoría intitulado The Vision by the
Hiddekel (La Visión junto a las Márgenes del Hidequel), en el cual mantenía
"que, por ocasión de la sesión de la Conferencia General de Minneapolis,
en 1888, la denominación rechazó el mensaje de la justificación por la fe"
(2). Aun cuando R. J. Wieland alegue que las ideas de Brinsmead ya se habían
desenvuelto antes de entrar en contacto con el estudio 1888 Re-examined, el reconoce
que ese trabajo inspiró a Brinsmead con coraje para propagar sus ideas (3).
En uno de sus estudios,
Brinsmead "acusó la Iglesia por haber rechazado en la Asamblea de
Minneapolis, en 1888, la doctrina de la salvación de los pecados, para aceptar
la posición protestante de la salvación en los pecados" (4). Su énfasis en
una teología perfeccionista tuvo como vehículo de propagación su movimiento
denominado Sanctuary Awakening Fellowship
(Llamado al Santuario) (5). Al transferirse para los Estados Unidos en la
década de 1960, su movimiento fue mantenido financieramente por un grupo de
adventistas influentes, dispuestos a apoyarlo.
Desafiado especialmente
por contactos con el Dr. Desmond Ford, de Australia, y con el Dr. Hans
LaRondelle, del Seminario Teológico Adventista del Séptimo Día, Brinsmead se
dirigió a la Bíblia y a los escritos de los más importantes reformadores
protestantes para investigar a fondo los asuntos de la justicia por la fe, de
la justificación y de la santificación. Finalmente en 1971 él había modificado
su pensamiento sobre la naturaleza pecaminosa de Cristo y había abandonado su
perfección instantánea como parte del juicio investigativo (6).
En realidad, el péndulo
teológico de Brinsmead oscilara de un extremo para el otro. Renunciando a su
peculiar teoría perfeccionista, él pasó a defender la posición evangélica de la
justificación como un acto meramente forense de Cristo por nosotros, separando
radicalmente la justificación de la santificación (7).
Aun habiendo sido
excluído del rol de miembros de la Iglesia en el verano de 1961, en decorrencia
de "su crítica en relación a los líderes de la iglesia y sus divergencias
doctrinarias" (8), su influencia personal y su literatura continuaron
siendo direccionadas en gran parte a los miembros de la Iglesia Adventista del
Séptimo Día. Pero también procuró penetrar en los círculos tradicionales
protestantes con su debate sobre justificación por la fe. "En cooperación
con un ministro anglicano de Australia, Geoffrey Paxton, organizó un número de
foros a través de los Estados Unidos donde la teología de la Reforma era
discutida" (9).
Fuera de escribir otros
libros y panfletos, Brinsmead lanzó en 1972 la revista Present Truth (Verdad Presente), cuyo título fue alterado en 1978
para Veredict (Veredicto) (10),
publicada en Fallbrook, California, la cual sirvió como principal vehículo de
propaganda de su movimiento disidente. En Portugues sus ideas han sido
difundidas a través de la revista Pregonero
de Justicia, también publicada en Fallbrook, California.
Geoffrey J. Paxton, por
su vez, publicó en 1977 un libro intitulado The
Shaking of Adventism (11), con la pretensión de ser "una narrativa
documentada de la crisis verificada entre los adventistas sobre la doctrina de
la justificación por la fe". El contenido del libro fuera anteriormente
presentado como tesis de master en la Universidad de Queensland, Australia. El
autor demuestra inicialmente simpatía en relación con los adventistas del
séptimo Día (12), pero su afinidad con Brinsmead es evidente, tanto en términos
de su actitud personal para con él (13),
como a través del própio contenido general del libro.
Paxton parte de la
presuposición de que el amago del adventismo es la pretensión de "llevar
adelante el mensaje de la Reforma" del siglo XVI (14). Según él, ese mensaje
es el evangelio de la justificación por la fe solamente, en torno de la cual
los reformadores "eran unánimes" (15), caracterizándola como siendo
de naturaleza exclusivamente forense y sin referencias a la santificación (16).
Establecido eso, Paxton pasa a evaluar historicamente el movimiento adventista,
de acuerdo con el criterio previamente establecido, alegando que el movimiento
"permanecerá o caerá según la legitimidad o no de su evangelio" (17).
Aunque Paxton demuestre
cierto grado de coherencia en el desenvolvimiento de su análisis crítica, jamás
debemos olvidarnos que, "cuando la perspectiva es errada, todo el punto de
vista es errado. Cuando la premisa está errada, la conclusión será locura"
(18). Y parece ser ese exactamente el problema de Paxton, pues, si investigamos
detenidamente la cuestión, percibiremos que:
1 - Una evaluación general de la literatura adventista no define
el amago del adventismo como siendo su vinculación a la Reforma del siglo XVI.
2 - Su vinculación a la Reforma es vista antes de nada en relación
con el princípio de la Sola Scripture,
o sea, de la autoridad exclusiva de las Escrituras (19).
3 - La coherencia con el princípio anteriormente mencionado exige
que nuestra comprensión de la justificación por la fe esté fundamentada antes
en la Palabra de Dios que en la tradición protestante.
Se debe notar, fuera de
eso, que:
1 - El abordaje de Paxton es de naturaleza histórica y no bíblica
2 - Paxton es parcial y unilateral en su tentativa de exponer el
concepto de justificación por la fe enseñado por los reformadores (20).
3 - Su concepto de justificación refleja apenas parcialmente el
concepto bíblico al respecto (21).
4 - El hecho de Paxton eximirse de analizar el concepto de Elena
G. de White sobre el asunto (22) hace con que su estudio no refleje
integralmente el concepto adventista (23).
REFERENCIAS
1.- Mayores detalles sobre la crisis de Robert D. Brinsmead pueden
ser encontrados en: E. de Oliveira, Op. Cit.: 132-134.
2.- Research and Defense Literature Committee,
The History and Teaching of Robert Brinsmead: 20
3.- A. L. Moore, Op. Cit.: 4, nota de margen
4.- E. de Oliveira, Op. Cit.: 133
5.- Idem: Brinsmead, "con mucha imaginación, reformuló la
interpretación tradicional adventista en lo tocante a la 'purificación del
santuario'. Asociando Levítico 16:30 con Daniel 8:14, introdujo un nuevo tipo
de 'perfeccionismo', una versión más refinada de la herejía de la 'carne santa'
... Esta nueva enseñanza, conocida como 'el llamado al santuario', fue usada
como caballo de batalla en sus investidas contra la Iglesia.
"Brinsmead vio una
analogía entre el templo del alma y el antiguo tabernáculo con sus divisiones.
El átrio exterior simbolizaba la conversión. Después de esta experiencia, el
pecador era llevado a cruzar por la fe la puerta de acceso al lugar santo,
donde recibía la bendición del perdón, la regeneración y refrigerio del
Espíritu Santo, simbolizado por la Lluvia Tardía. Avanzando en su experiencia
cristiana, era conducido al santísimo, lugar de perfección y juicio final. Esta
etapa en la vida del creyente producía una nueva experiencia: el perdón de todo
pecado, la liberación del sentimiento de culpa y la victoria completa sobre las
tendencias pecaminosas".
6.- R. W. Schwarz. Op. Cit.: 458
7.- Un claro ejemplo de su posición puede ser visto en su
evaluación intitulada "Luteranos en Crisis sobre la Justificación por la
Fe", publicada en la revista Veredict, (Special Issue), Vol. 2, Nº6.
8.- R. W. Schwarz, Op. Cit.: 458
9.- Idem: 460
10.- El título fue alterado por intervención de la Asociación
General de la IASD, una vez que Brinsmead estaba utilizando para su revista el
título del primer periódico adventista del séptimo Día, publicado por James
White en julio de 1849.
11.- La obra fue traducida por parte de Pregoneros de Justicia, y
publicada su primera edición en 1983 por la Junta de Educación Religiosa y
Publicaciones de la Convención Bautista Brasilera, Río de Janeiro.
12.- G. J. Paxton, Op. Cit.: 13-14
13.- Idem: 111-120
14.- Idem: 14-15
15.- Idem: 37
16.- Idem: 37-54
17.- Idem: 26-27
18.- Billy Graham, Mundo en Llamas: 225
19.- Elena G. de White, El Gran Conflicto: 122-123 = Lutero
"declaraba firmemente que los cristianos no deberían recibir otras
doctrinas sino las que se apoyan en la autoridad de las Sagradas Escrituras.
Estas palabras hirieron el própio fundamento de la supremacía papal. Contenían
el princípio vital de la Reforma".
20.- Esa cuestión es muy bien analizada en: Hans LaRondelle,
"Paxton and the Reformers": 45-47.
21.- Mayores detalles sobre la cuestión pueden ser encontrados en:
William G. Johnson, "An Evaluation of The Shaking of Adventism":
32-34.
22.- G. J. Paxton, Op. Cit.: 10
23.- Elena G. de White fue quien más escribió sobre el asunto en
el seno del movimiento adventista; y nos parece que él no analizó su concepto
al respecto por una cuestión de prudencia, pues ella discuerda radicalmente de
la posición de Paxton sobre la justificación como siendo una experiencia
meramente forense. Cf. Elena G. de White, Fe y Obras: 93 = "Perdón y
justificación son una sola y la misma cosa". Cf. Elena G. de White, El
Mayor Discurso de Cristo: 114 = "El perdón, sin embargo, tiene un sentido más
amplio que lo que muchos suponen. ... El perdón de Dios no es meramente un acto
judicial por el cual El nos libra de la condenación. Es no solamente perdón por
el pecado, sino liberación del pecado. Es el transbordamiento de amor redentor
que transforma el corazón".
TENDENCIAS Y CONTRIBUCIONES DE LOS ÚLTIMOS AÑOS.-
De acuerdo con Victor
Casali los estudios muestran que a lo largo de los años ha habido dos
tendencias desafortunadas (movimiento pendular):
1.- Un super-énfasis en la obra de Cristo por nosotros, en perjuicio de
su obra en
nosotros a través de Su Espíritu.
2.- Un énfasis desmedido en la obra de Cristo en nosotros, en perjuicio de su
obra por
nosotros efectuada en la cruz (1).
No restan dudas de que
ambas posiciones son peligrosas, y que la prudencia está en un correcto
equilibrio entre ellas.
Gran número de
artículos y una abundante cantidad de libros han surgido en los últimos años
sobre la justificación por la fe. Sin despreciar las demás contribuciones sobre
el asunto, mencionaremos algunas de las más relevantes.
En 1974, Edward
Heppenstall, uno de los más destacados teólogos adventistas, publicó su obra intitulada
Salvation Unlimited (Salvación
Ilimitada) (2), caracterizada por profundidad de ideas, enunciadas a través de
un lenguaje simple y fluente.
En 1979 fue lanzada una
importante colección de los escritos de Elena G. de White bajo el título Faith and Works (3) (publicada en
Portugues con el título Fe y Obras
(4)).
En 1980, Hans K.
LaRondelle lanzó su libro Christ Our Salvation (5) (publicado en
Portugues bajo el título Que es Salvación
(6)), focalizando "lo que Dios hace por nosotros y en nosotros" de
una forma muy equilibrada.
Sin embargo una de las más
destacadas contribuciones para difundir la justificación por la fe en nuestros
días son las exposiciones orales y escritas de Morris Venden, el cual ha sido
ampliamente solicitado para opinar sobre el asunto, y cuyos libros han
alcanzado gran circulación. De entre sus obras no podríamos dejar de destacar
el libro Salvation by Faith and your Will
(Salvación por la Fe y su Voluntad) (7), publicado en 1978; las Meditaciones
Matinales de 1981 bajo el título Fe que
Opera (8); y el libro To Know God
(Como Conocer a Dios) (9), presentado en la forma de "un plano de 5
días".
REFERENCIAS
1.- V. Casali, Op. Cit.: 99
2.- Edward Heppenstall, Salvation Unlimited,
1974
3.- Elena G. de White, Faith and Works, 1979
4.- Las informaciones bibliográficas se encuentran en la
referencia Nº 23, del capítulo "Discusiones sobre la Naturaleza de la
Justificación".
5.- Hans K. LaRondelle, Christ Our Salvation,
1980
6.- Hans LaRondelle, Que es Salvación, 1988
7.- Morris Venden, Salvation by Faith and your
Will, 1978
8.- Morris Venden, Fe que Opera", Meditaciones Matinales -
1981
9.- Morris Venden, To Know God, 1983
EL CENTENARIO DE LA ASAMBLEA DE MINNEAPOLIS (1988).-
El tiempo pasó, y
finalmente llegamos al año del centenario de la inolvidable Asamblea de
Minneapolis, realizada en 1888. Por ocasión del Concilio Anual de la Asociación
General, ocurrido del 7 al 14 de octubre de 1986, en la ciudad de Río de Janeiro,
fuera tomado el importante voto de "conmemorar, en los primeros días de
noviembre de 1988, el centenario de la histórica Conferencia de Minneapolis, la
cual definió la posición adventista en favor de la doctrina de la justificación
por la fe" (1). Fuera anunciada también la programación de diversos
eventos "para recordar la fecha, especialmente a través de la predicación
amplia del mensaje de la justificación por la fe" (2), y ahora nos
deparamos con una nueva énfasis sobre el asunto.
Como parte de ese énfasis, el Elena G. de White Estate (Patrimonio
Literario Elena G. de White), de Washington, D.C., preparó dos importantes
compilaciones: The Elena G. de White 1888
Materials (Los Materiales de Elena G. de White Relacionados con 1888), en 4
volúmenes (3), y Manuscripts and Memories
of Minneapolis (Manuscritos y Memorias de Minneapolis) (4). La revista Ministry (Ministerio) dedicó su número de febrero de 1988 como una edición
especial de 64 páginas sobre el tema de la justificación por la fe.
En Brasil, la Casa Publicadora Brasilera se envolvió
en el programa a través de la traducción y publicación durante el año de por lo
menos cinco nuevos libros sobre el asunto: Cristo
Nuestra Justicia, de Arthur G. Daniells; Que es Salvación, de Hans K. LaRondelle; Como Conocer a Dios, 95 Tesis
sobre Justificación por la Fe y Como
Jesús Trataba las Personas, de Morris Venden.
En la Revista Adventista puede ser encontrado
por lo menos un artículo sobre justificación por la fe en cada una de sus
ediciones durante el año de 1988, fuera de la edición especial sobre el asunto,
para la semana de oración del mes de noviembre.
También el Centro de Pesquisas Elena G. de White,
localizado en el Instituto Adventista de Enseñanza, en São Paulo, decidió
participar a través de la publicación de una compilación de los escritos de Elena
G. de White intitulada Justificación por
la Fe, preparada por Bruno W. Steinweg.
Por su vez, los
profesores del Seminario Adventista
Latino-Americano de Teología, con sede en el Instituto Adventista de
Enseñanza, se envolvieron en el programa a través de la realización de los Seminarios Justificación por la Fe en el
territorio de la Unión Central Brasilera y Unión Sul-Brasileira. Para las
referidas programaciones, los profesores prepararon materiales de naturaleza
bíblica, doctrinaria e histórica.
REFERENCIAS
1.- Revista Adventista (noviembre de 1986): 19
2.- Idem
3.- Las referencias bibliográficas de la obra se encuentran en la
ref. Nº12, del capítulo "La Crisis Entre Dos Periódicos".
4.- Las referencias bibliográficas de la obra se encuentran en la
ref. Nº10, del capítulo "La Crisis Entre Dos Periódicos".
CONCLUSIÓN.-
Al sumariar las ideas
de su capítulo "El Adventismo del Siglo Veinte y la Justificación por la
Fe", Norval F. Pease declara: "El problema del adventismo del siglo
veinte es diferente del problema del adventismo del siglo diecinueve. Por
ocasión de la Conferencia General de 1888, la justificación por la fe estaba
grandemente obscurecida por el énfasis en otras doctrinas. ... El problema
mudó. ... La primacía de la fe en Cristo no está siendo desafiada hoy por el
énfasis en las doctrinas, sino que antes por la super-énfasis en el
institucionalismo. Hoy la iglesia está excesivamente ocupada con la
organización, las instituciones médicas, las instituciones educacionales, la
expansión mundial, la construcción de iglesias y el evangelismo. Todas esas actividades
son buenas; sin embargo siempre nos defrontamos con la posibilidad de Cristo
permanecer del lado de afuera de la puerta de los edificios que construimos
(1).
A semejanza del rey
Ezequías en face de la visita de la embajada de Babilonia (II Reyes 20:8-18),
podemos ser tentados a "colocar Cristo en segundo plano, y pasar a confiar
en los própios métodos y consecuciones" (2). Elena G. de White es clara en
afirmar:
En la medida que
aumenta la actividad, y los hombres tienen éxito en realizar alguna obra para
Dios, hay riesgo de confiar en planos y métodos humanos. Viene la tendencia de
orar menos y tener menos fe. Como los discípulos, nos arriesgamos a perder de
vista nuestra dependencia de Dios, y buscar hacer de nuestra actividad un
salvador (3).
Cien años se pasaron
desde la Asamblea de Minneapolis, y hoy conmemoramos ese evento a través de
importantes programaciones y de la publicación de nuevos materiales enfatizando
la justificación por la fe. Todo eso es muy importante; pero sería lamentable
si todas las programaciones llegasen al fin sin que la iglesia experimentase un
genuino reavivamiento espiritual.
Deberíamos concientizarnos individualmente que la justificación
por la fe, mucho más que una simple doctrina, debe tornarse una viva realidad
en la vida de todos cuantos profesan la fe adventista; pues, "de todos los
profesos cristianos, deben los adventistas del séptimo Día ser los primeros a
exaltar a Cristo delante del mundo" (4).
REFERENCIAS
1.- N. F. Pease, Op. Cit.: 221-222
2.- Alberto R. Timm, "Nuestra Identidad Denominacional",
Revista Adventista (noviembre de 1986): 6
3.- Elena G. de White, El Deseado de Todas las Gentes: 346
4.- Elena G. de White, Obreros Evangélicos: 156
BIBLIOGRAFIA SUGESTIVA PARA ESTUDIO ADICIONAL
En Portugués:
- Departamento de Educación de la Asociación General, Historia de
Nuestra Iglesia, Casa Publicadora Brasilera, 1965: 247-252.
- Maxwell, C. Mervyn, Historia del Adventismo, Casa Publicadora
Brasilera, 1985: 243-253.
- Oliveira, Enoch de, La Mano de Dios al Timón, Casa Publicadora
Brasilera, 1985: 95-105.
- Revista Adventista, artículos sobre justificación por la fe
publicados durante el año de 1988.
En Inglés:
- Elena G. de White Estate, Manuscripts and Memories of
Minneapolis, 1988: todo el material.
- Elena G. de White Estate, The Elena G. de White 1888 Materials,
1987, 4 Vol.: todo el material.
- Froom, LeRoy Edwin, Movement of Destiny,
1971: todo el libro.
- Ministry, Febrero de 1988: toda la revista.
- Moore, Arthur Leroy, Theology in Crisis or Elena
G. de White's Concept of Righteousness by Faith as it Relates to Contemporary
SDA Issues, 1980: todo el libro.
- Olson, A, V., Thirteen Crisis Years: 1888 -
1901, 1981: todo el libro.
- Pease, Norval F., By Faith Alone, 1962: todo
el libro.
- Schwarz, R. W., Lights Bearers to the
Remnant, 1979: 183-197.
- Spalding, Arthur Whitefield, Origin and
history of Seventh-day Adventists, 1962, Vol. 2: 281-303.
Autor: Alberto R. Timm
Por: Rey Joe Orellana
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